Versión original en francés en PENSAMIENTOS NOCTURNOS por Laney Traducido del francés por Yue-chan Oscar cerró la puerta de su habitación intentando hacer el menor ruido posible. ¡Qué noche! Su cabeza estaba aún lacerada, y las heridas en sus manos parecían animadas por un fuego cada vez más ardiente a medida que los minutos transcurrían lentamente. Lanzando un profundo suspiro, se sentó en un sillón cercano a la ventana y dejó que su mirada se perdiese en la noche iluminada por la luna. Nunca había visto a la gente de París tan agresiva y llena de resentimiento hacia los nobles. Era la primera vez que se confrontaba a esta turba de gente desdichada, que gritaba venganza hacia un puñado de privilegiados, de los que ella formaba parte. Un sentimiento de sorpresa había superado al miedo cuando los agresores estaban atacando primero a su carruaje, luego a ellos. Oscar cerró los ojos. Sus últimos días habían sido muy extraños. Ella tenía la impresión que habían durado una eternidad... quizá era debido al cambio que ocurría lentamente en ella. Sintiendo sus párpados hacerse pesados, la joven se levantó rápidamente y empezó a deambular de un lado al otro dentro de la inmensa habitación. Sentía vergüenza por haber sido tan débil; ella debió haber hecho lo posible por ayudar a André a escapar de la multitud... En lugar de eso, había perdido el sentido y había sido salvada por Axel de Fersen. "Fersen" susurró en voz baja. Oscar se recostó contra la pared y apoyo la cabeza entre sus temblorosas manos: "¿Cómo he podido ser tan ridícula? Si supieras, amigo mío..." La joven se interrumpió y se dirigió a la puerta de su habitación; había creído oír un ruido pero al salir al corredor, levemente iluminado, se dio cuenta que debía haberlo soñado. Oscar posó los ojos por un instante en los rayos de luna que atravesaban la gran ventana del corredor, y repentinamente tuvo ganas de salir al aire fresco de la noche. Oscar caminó sin rumbo, y luego de un rato se encontró frente a la caballeriza. Empujó la pesada puerta que la separaba de su blanco semental, y se detuvo de golpe. El caballo de André también estaba presente, a este pensamiento, la joven experimentó una sensación de bochorno que conmovió sus sentidos. Sacudiendo vivamente la cabeza con el fin de hacer desaparecer esta bizarra pero agradable sensación, Oscar salió precipitadamente de la caballeriza y se dirigió hacia su árbol favorito, perdido en el gran parque que rodeaba la mansión Jarjayes. Se deslizó sobre la suave hierba y apoyo su cabeza contra el rugoso tronco. Muy a su pesar, la joven no cesaba de pensar en que habría ocurrido si Fersen no hubiese intervenido. André habría muerto ahorcado, y ella, se habría vuelto loca de tristeza... "Oh Fersen, perdonadme... Estoy tan avergonzada de haberos revelado sentimientos que creía eran para vos, cuando realmente ellos estaban destinados a otro... Nunca quise confesar que él contaba más que todo para mí... Dios mío, esperaba tanto no estar obligada a veros nuevamente un día... Temía tanto no tener la fuerza para miraros a la cara..." Una lágrima silenciosa se deslizó a lo largo de su mejilla. Pero ¿qué debía hacer ahora? La joven no sabía como hacer frente a este torrente de nuevas emociones que la devastaban cada vez que André estaba cerca de ella. El trayecto de regreso había sido muy doloroso para ella, tuvo que resistir al deseo de tomarlo entre sus brazos y susurrarle que había sentido miedo... Miedo que él perdiese la vida, una vez más, por su culpa. Oscar no había olvidado el día en que André se había batido contra algunos soldados de la Guardia Francesa. Sin fuerzas, tendido sobre el polvoriento piso de la sala de armas, había dicho penosamente que daría su vida por Oscar. No sabía, en ese momento, que ella lo observaba desde el umbral de la puerta. No sabía que su devoción, total, había conmovido profundamente a Oscar. A partir de ese instante, la joven había considerado sus relaciones desde otro punto de vista; estaba dividida y no sabía que pensar. Oscar se frotó los ojos para luchar contra el sueño, y se quedó inmóvil repentinamente: sería también por su culpa que André habría perdido su ojo izquierdo. Fue así que el médico le había aconsejado no retirarse el vendaje que protegía su ojo bajo pena de perderlo, él no había hecho caso y vistió nuevamente su disfraz de Caballero Negro para encontrarla... Y él nunca había lamentado su gesto. La joven se mordió los labios. La vida de André estaba en peligro debido a que él se encontraba cerca de ella... como el día en que ellos habían sido emboscados junto a Alain, y fueron lanzados de sus caballos... Ellos se despertaron a la mañana siguiente en el suelo, sintiendo la mano de André sujetar su muñeca, como si él estuviese aferrándose a su tabla de salvación. O quizá, como si hubiese querido protegerla. Una vez más. André era como su ángel guardián, que continuamente velaba sobre ella. Él no se había enfadado con ella, él nunca había sido violento... salvo una noche. La noche en que había confesado su amor por ella. A este pensamiento, Oscar se sorprendió de no sentir su sangre ebullir. No sentía ningún rencor, lo había perdonado... nunca más había experimentado algo a la evocación de aquella noche. Como si hubiese un agujero negro en su espíritu, que aspiraba toda la amargura que tenía entonces reservada por André. Oscar suspiró. ¿Por qué estaba obligada a vivir esta vida tan complicada? Había tenido que soportar tantos sacrificios desde hacía tanto tiempo, pensaba que ningún problema sería solucionable para ella. Y por tanto... la joven debió reconocer que el amor naciente que sentía por André no era compatible con la vida que llevaba. Esta constatación le hería el corazón, pues sabía en lo más profundo de ella que nunca podría amar a otro hombre de esa manera. Perdida en sus pensamientos, no había notado una sombra que se aproximaba hacia ella. Antes que hubiese podido hacer el menor gesto, André colocó su capa sobre sus hombros y se sentó cerca de ella sonriendo: -¿Qué haces aquí? Oscar se acomodó la capa con gratitud, luego respondió: -Yo debí haberte hecho esa pregunta. Deberías descansar, André, después de todo lo que hemos pasado. Hubo silencio. Tomando todo el coraje que tenía, el joven dijo: -No me siento cansado; salí a tomar aire fresco porque no tenia sueño. Y tienes razón, hemos resistido algo horrible esta noche. Fue una suerte que Monsieur de Fersen haya intervenido. -No me hables de él, te lo suplico. Sé que debemos estar agradecidos con él, le debemos nuestras vidas, pero todo eso ha terminado. Después de un segundo de indecisión, Oscar colocó su mano sobre la de André: -Me alegra que él te haya encontrado. Su amigo se volteó hacia ella, vio que sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas. Su corazón se estremeció, y susurró: -Yo también. Unos pocos minutos después, André regresó a Oscar, aun dormida, a su habitación y la deposito delicadamente en su cama. La contempló mientras dormía por un largo tiempo... estaba tan hermosa. Después de un momento, exhausto también él, salió de la habitación con pesar. Oscar abrió los ojos y se sentó en la cama. Habría dado todo por invitar a André a quedarse... pero prefirió fingir que dormía. No sabía aún que debía hacer. De lo único que estaba verdaderamente segura, era que le tomaría tiempo reflexionar sobre este nuevo sentimiento que iluminaba su corazón. Fin Enero 2002.