EL DÍA LUEGO DE UNA MÁGICA NOCHE por Laney Traducido del inglés por Yue-chan (La escena sucede en la habitación de Oscar, tal como en el manga) Todo era silencio en la habitación. André salió de la cama, teniendo cuidado de no despertar a Oscar. Cuando ya levantado la contempló, su corazón se inundó con ese amor contenido a lo largo de veinte años por la joven. Ese amor que extendía sus alas y volaba, era verdaderamente compartido. Pero a André le era difícil creer que la mujer de su vida le había confesado sus sentimientos. "Todo eso es verdaderamente romántico, Oscar, pero ¿qué ocurrirá ahora?". André no podía evitar hacerse esta pregunta desde el momento en que Oscar se entregó en sus brazos; esta pregunta se convertía en un veneno que se esparcía en su corazón, cada vez que miraba a la joven. Él seguía contemplándola. No podía despegar sus ojos de aquel rostro de delicadas características, su dorada cabellera desordenada sobre la almohada, y su cuerpo -el cual pudo adivinar bajo la fina tela de las sábanas-. Un cuerpo que André conocía perfectamente. Un cuerpo tan femenino. "Una Oscar mujer, lo encontrará difícil de asumir ahora", pensó un sonriente André. El joven dejó de fantasear, se vistió, y se dirigió hacia la ventana, la cual abrió lentamente. El sol casi había salido, y el castillo aún estaba dormido. Era el 13 de Julio de 1789. Un período que André pensó podría ser importante para Francia, porque estaba casi seguro que algo iba a cambiar. De repente, se dio cuenta con temor, que estaba temblando. Pensando que era debido a la brisa matinal, cerró la ventana, y se quedo inmóvil mirando al aún oscuro jardín. Oscar, quien aparentaba dormir durante todo este tiempo, estaba preocupada por su amado. Su comportamiento frente a la ventana, luego el repentino escalofrío que lo recorrió alarmaron a la joven, quien pensaba entonces que André estaba flaqueando debido a su ojo derecho. Pero ella también era realista; no olvidaba que se encontraba devastada por la tuberculosis. En su mente se increpó a sí misma: "Bueno Oscar, finalmente has encontrado la felicidad. ¿Por qué estas preocupada por el futuro? Vive el momento presente y haz lo mejor por ello". La joven se movió un poco con el fin de que André pudiera escuchar los movimientos de la sábana, y entender que ella estaba despierta. Él hizo lo que ella esperaba. De pronto se volteó, y con una sonrisa en sus labios, se sentó cerca de ella: -Buen día, Oscar. ¿Cómo te sientes? -Maravillosamente bien. Nunca dormí tan bien. Ella se levantó, y lo beso por un largo momento, apreciando el sabor de sus suaves y sensuales labios. "Labios sellados demasiado tiempo por culpa mía", Oscar pensó con amargura. André vio su turbamiento y le pregunto: -¿Qué ocurre, Oscar? -Oh es terrible, estaba pensando en el sufrimiento que debes haber soportado todos estos años por mi culpa. -Oscar, no pienses en ello pues ya has aceptado tus sentimientos. Estos años contigo fueron sensacionales, te lo juro; aun si algunas veces, y estoy de acuerdo contigo, parecías deleitarte torturando mi pobre y herido corazón. André dijo estas últimas palabras en un tono que casi no se podía escuchar. Sus pensamientos se fueron a otro lugar. Recordó la noche posterior al baile donde su querida Oscar había bailado con Axel von Fersen. Esa noche, nunca la olvidaría. La joven había confesado al elegante caballero sueco que ella lo amaba; y él, André, había pasado la noche solo, emborrachándose en una taberna. Fue peor cuando Oscar le dijo que sería el más vil de los hombres; en ese momento André se detuvo, esperando que pudiese ir junto con ella. André alejó aquellos malos recuerdos y regresó a la realidad. Oscar estaba sentada aún en la cama, apoyaba la espalda contra la pared. Sus ojos estaban cerrados, y el joven pensó que no había escuchado lo que había dicho. Pero al mirar al rostro de su amada, descubrió un surco de cristal en cada mejilla. André no podía esconder su sorpresa, ya que nunca había visto llorar a Oscar. Conmovido, la tomó en sus brazos susurrando: -¡Mi dulce, mi única Oscar! Perdóname, no debí decirte eso. Todo aquello terminó, es el pasado ahora. -Oh André, ¡te amo tanto! ¿Por qué estuve tan ciega? Cuando mi corazón empezó a torturarme por primera vez, pensé que era por Axel von Fersen. -Oscar, no. -¡Déjame terminar, debo decirlo! Tengo que liberarme de esta infelicidad que está destruyéndome y me hace enfermar de vergüenza. Sí André, me avergüenzo, porque fui lo suficientemente débil como para creer que toda mi alma estaba ardiendo por Monsieur de Fersen, mientras sabía en mí interior que estaba desgarrando tu corazón. Lo sabía, pero no quería enfrentar la dolorosa realidad. Por eso cuando me confesaste tus angustias hace unos pocos instantes, realmente me di cuenta de la gravedad de mi error, y puedo jurar que nunca me perdonaré por haberte hecho sufrir todos estos años. ¡Estos años donde tu estabas cada vez que te necesitaba!, y no recibiste de mi parte ni siquiera una palabra de gratitud, mientras tú eras mi más preciado y fiel apoyo. -Oscar, deja de preocuparte por los errores del pasado -André la interrumpió-. Puedo darte un ejemplo de la gratitud que me has dado: ¡respondiste a mi amor, y estamos juntos! Todo lo que compartimos la última noche reemplaza todos los 'gracias' que no me dijiste. Sus ojos se encontraron. Los de André estaban llenos de ternura, y los de Oscar estaban llenos de amor también, pero acompañados de gratitud la cual podía ser sólo percibida porque estaban ocultos en sus límpidos zafiros. Entonces, con una cómplice mirada, se tendieron sobre la cama; deseaban tomar ventaja de este breve momento de felicidad. Oscar se acurrucó en los brazos de André, quien se había quitado sus ropas para calentar a su adorado amor con su apasionado cuerpo. Con la cabeza en la cavidad del cuello de su amado, Oscar colocó luego una mano sobre su palpitante corazón y escuchó sus latidos sin decir una sola palabra. También percibió su perfume tan masculino, y sonrió. Era el perfume que le había regalado en la última Navidad; él le hizo creer que no le había gustado. Confundida, Oscar se dio cuenta que no había notado este aroma la noche anterior, cuando se dejó llevar en sus brazos. André se dio cuenta que algo estaba ocurriendo, e inclinó la cabeza para descubrir a una sonrojada y confundida Oscar. Después de explicarle las razones de su inquietud, ella tomó nuevamente su lugar en sus brazos y colocó una mano sobre su corazón otra vez, el cual estaba latiendo con velocidad. Oscar medio sorprendida por este repentino cambio, levantó la mirada hacia el hombre que amaba y respondió a la invitación de sus labios besándolo con disposición. Entendiendo los deseos de André, intentó protestar: -Bueno André, ¡debe ser tarde y debo dirigir una Compañía! Hoy es una gran día para Francia. André dejó de sonreír: -¿Qué estas dispuesta a hacer? Ahí estaba, la pregunta determinante había sido hecha. Oscar se quedó en silencio por un breve momento, entonces se levantó acomodándose y respondió firmemente: -Debo continuar lo que empecé. André no podemos abandonar a nuestros amigos de la Guardia Francesa, ¡no ahora que estamos tan cerca de nuestro objetivo! Te lo suplico, terminemos esta maldita guerra y luego ¡vayámonos lejos de todo esto! -Oscar, mi amor, no sabes cuan difícil es para mi entenderte. ¿Cómo puedes ser tan indiferente? ¡Es de nuestra felicidad que estas hablando, y de las vidas de otros! André estaba desilusionado. Había creído que después de todo lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior, Oscar dejaría el uniforme. Vencido, sonrió tristemente admirando la determinación de aquella quien era su Coronel. Pero Oscar era, antes que todo, una mujer que había aceptado al fin verse así misma de esta forma. Tan fuerte cuando llevaba el uniforme y tan frágil cuando lo dejó caer para ser una mujer enamorada del hombre que conocía perfectamente y quien era su más seguro apoyo por tantos años. Oscar tampoco dijo algo más. Sabía que su decisión era cruel para André, pero era cruel para ella también; había descubierto felizmente una parte de sí misma escondida en lo profundo de su corazón, endurecido en la superficie. Ella, quien había negado su verdadero ser y no estuvo dispuesta a amar durante todo esos años anteriores, se detuvo por un momento y se escuchó a sí misma para sentirse viva. Después de unos minutos de silencio, André cedió y le dijo: -Bueno Oscar, haré lo que quieras. Estoy a tu disposición. Te seguiré y protegeré hasta la muerte. Oscar dirigió sus azules ojos hacia los ojos verdes de André, resplandecientes de emoción y miedo. Sí, André estaba asustado. No temía a la lucha por sus ideas, pero temía perder a Oscar. La joven, conmovida, había entendido el mensaje inundado en los ojos de su amor. Su mirada se detuvo sobre su oscuro cabello, su musculoso y fuerte cuerpo, para regresar finalmente a sus maravillosos ojos esmeralda. Ella tampoco podría sobrevivir en el caso que él muriese, sin embargo ambos tenían que ir a la lucha. Pero antes, Oscar deseaba hacer lo mejor por su amor nuevamente, su amor, el cual estaba dispuesto a abrirse como una flor en capullo. Una flor... una rosa es una rosa... a este pensamiento las lagrimas aparecieron en sus ojos. Cuando vio a su amada tan desesperada, André no pudo evitar estremecerse de nuevo, de la misma forma como lo había hecho cuando abrió la ventana luego de despertar. Se dio cuenta con angustia que el origen de sus preocupaciones era un mal presentimiento que estaba asfixiando su corazón, pero no podía entender exactamente qué lo estaba torturando. Oscar lo vio preocupado, por eso extendió sus brazos y lo recibió en ellos, André la besó apasionadamente. Su abrazo fue maravilloso, cada uno deseaba impregnar el sabor de su piel en el otro con el fin de mantenerlo en la memoria. El recuerdo. Sin atreverse a confesarlo, Oscar y André tuvieron la misma dolorosa idea, como si estuviesen proyectados en el futuro; ellos sabían con certeza que este abrazo podría ser el último. Fin Junio de 2001