CORRESPONDENCIAS Por Laney Traducido del francés por Yue-chan Capítulo IV: Caen las máscaras De André a Oscar Oscar: He recibo tu carta con alivio. Estoy bien, y aun más luego que tus palabras se grabaron en mi corazón. Agradezco tu sinceridad. Te diste cuenta que el pasado sólo pertenece al pasado, a pesar de haberme confesado que has dejado el château debido a los dolorosos sucesos producidos por culpa mía. Oscar, te prometo nunca más hacerte daño. Significas mucho para mí como para permitirme perderte de forma definitiva, sin embargo agradezco que no me hayas dado una respuesta. Sé que no debe ser fácil para ti. Todo está bien, ¿no es así? Por mi parte, nunca dejaré de amarte. Te esperaré hasta mi último suspiro. Y si hasta entonces no estuvieses lista, me iré al más allá con alegría, sabiendo que algún día nos reuniremos ahí. ¿Por qué te hablo de la muerte? es insensato. No tiene sentido ya que una nueva vida ha comenzado. La que será nuestro futuro, que estoy seguro será diferente de aquello que hemos vivido si... si no te hubiese confesado mis sentimientos. Me di cuenta que nunca te pregunté cómo ibas con tus hombres; me dijiste en tu primera carta que no eran muy dóciles; ¿cómo va todo luego de varios meses? Bien, ahora debo dejarte. Debo darle un último entrenamiento a los caballos del terrateniente, ellos participarán en una carrera muy importante dentro de algunos días. Dale un beso a la abuela cuando la veas. Cuídate. André. De la abuela a André Mi querido niño: Me hace feliz saber que te encuentras mejor; es realmente formidable imaginar tu trabajo reconocido de esa manera, aquello es reconfortante y me digo que es una suerte que hayas podido encontrar una ocupación en lugar de rumiar todo el tiempo sombríos pensamientos. Tu carta respiraba la alegría de vivir, aun cuando una sombra de ansiedad dominaba tus alegres palabras. Espero que la respuesta de Oscar esté a la altura de tus esperanzas, o al menos que no haya agravado la situación de ambos. No sé que le has escrito, ella ya no me ha mostrado tus cartas; de todas maneras viene a cenar más seguido al château. Hace lo posible por parecer alegre pero siento que algo le preocupa. No sé si es por lo que le has escrito o si son sus problemas en la Guardia Francesa que la abruman. Ha perdido la palidez de las últimas semanas, sin embargo su mirada esta siempre tan ausente. En toda mi vida nunca vi a Oscar tan ensimismada; incluso cuando eran niños, el azul de su feroz y determinada mirada nunca había tomado ese turbio matiz. André, te he confiado esto pero no es necesario que le hables de ello. En ningún caso quiero inquietarte, Oscar ciertamente atraviesa un periodo crucial en su vida. Estoy segura que ella se equivocó al escoger entre su felicidad y el deber. Es por ello que te suplico que no la apresures. Sé paciente. Ante lo que venga, hará la mejor elección. Sólo es necesario que se dé cuenta. Un beso. Tu abuela. De André a la abuela Querida abuela: ¿Cómo quieres que permanezca insensible ante los problemas de Oscar? Antes de recibir tu carta, le pregunté como le iba con su compañía; todavía no he recibido su respuesta. Al igual que tú, pienso que ella está dividida en lo que respecta a sus sentimientos, sus aspiraciones personales y su futuro, pues su respuesta no ha sido ni positiva ni negativa. Oscar ha vivido toda su vida como un hombre, con sus propios modales e incluso un lenguaje propio a veces. Creo que ella duda en ser una mujer. Porque ser una mujer es también escuchar un poco a su corazón, endurecido por tanto tiempo. Abuela, no creo que sea un secreto, o quizá si lo sea, no le digas a Oscar que yo te lo dije: en algún momento ella creyó sentir algo por Axel de Fersen. Hago bien en decir que lo creyó ya que me confesó en su respuesta que esos sentimientos eran superficiales. Así fue entonces como su corazón se abrió por primera vez y se lastimó un poco debido al supuesto amor no correspondido que sentía por ese sueco. En aquel momento sufrió terriblemente. ¿Te imaginas, después de tantos años de sueño, su corazón despertó para ser decepcionado casi inmediatamente? Comprendo pues que Oscar dude en levantar los vendajes que cubren sus heridas, ya que no han cerrado del todo. Además, no dispuse las cosas a mi favor... Pero aunque no las tenga, le he hecho comprender claramente que la esperaré eternamente. Habrá una importante carrera de caballos el día de hoy en los alrededores de Versalles. No se lo he dicho a Oscar ya que no deseo que crea que me acerco a ella a propósito. Uno de los caballos del terrateniente llegó en segundo lugar, por eso pude recibir cumplidos por mi trabajo y un pequeño aumento. En un momento durante la carrera mi corazón se estremeció; creí ver a Oscar cerca de un árbol, pero no podría jurar que era ella. A decir verdad, cada vez que veo una mujer rubia, no puedo dejar de pensar en ella. Es así todo el tiempo. Un día llegué a ver una joven de espaldas, creí que era Oscar pues tenía la misma silueta pero era en efecto una completa desconocida. No dejo de verla por todos lados. Mis noches están colmadas de imágenes de ella: sus largos cabellos ondeando al viento, sus ojos fijos pero límpidos perdidos en la nada, su tez más sonrosada que nunca, sus labios... Oh, sus labios, esbozando una triste sonrisa... Abuela, no se que ocurrirá si ella me rechaza. Sólo respiro por ella... Cada palabra que me escribe me sumerge en una desesperada fiebre, y mi corazón se ilumina a la lectura de sus palabras tan reservadas... No vivo sino a la espera de una respuesta que cumpla mis tímidos deseos. Por eso te lo suplico, vela por ella y si te hace alguna pregunta respecto a mí, si te confía sus dudas, te lo suplico, te lo suplico de rodillas, dile que mi corazón es puro y que sólo la espera a ella. Creo que le escribiría si tuviese el coraje; pero no oso hablarle de amor cuando todo es confuso en su cabeza. Cuídense ambas. Tu nieto, André. De la abuela a André Mi pequeño: He sentido una inmensa confianza con la llegada de tu última carta; pero no sé si es bueno para ti el aferrarte así a Oscar. No quiero por ningún motivo sugerirte renunciar a ella, sin embargo estimo que no deberías dejarla ocupar todos tus pensamientos de ese modo. Es tan evidente, André. No hay sino que leer tu carta para comprenderlo: ardes con un amor quizá demasiado apasionado por ella. Cierto, reconozco que desde hace tiempo la amas en secreto y sin duda has tenido el tiempo para reflexionar sobre esa pasión que devasta todo tu ser. Pero no olvides lo esencial: en la espera de una respuesta definitiva de su parte, no permanezcas postrado en tu rincón, ocúpate de ti, intenta cosas nuevas. Estoy casi segura que tus deseos serán cumplidos un día. Te lo repito, ten paciencia, y con el corazón ligero deberías encontrar nuevas actividades. Mi niño, espero que no vayas a mal interpretar mis palabras. Yo sólo quiero tu felicidad, puedes entonces comprender que me inquiete por ti. Ánimo, te mando un beso muy fuerte. Tu abuela que te ama. De Oscar a André André: Estoy feliz de saber que mi última carta no afectó tu ánimo. Estoy bien, y espero que tú también. Entonces empezaré a hablarte de mis hombres, ya que tanto te interesa; es mejor deshacerse de todo ello ahora. Desde el primer día que los encontré no están muy calmados, créeme. Pero pienso pronto poder enseñarles el manejo de una espada, ya que no son capaces hasta ahora de batirse sino como costureras. A pesar de ello, son soldados honestos; sé que pueden hacer correctamente su trabajo, sólo basta que se muevan un poco. Agradezco tu comprensión, es verdad que es algo difícil para mi decidir tan pronto sobre mi futuro; y es aún más difícil que decida indirectamente sobre el tuyo. Me gustaría tanto poder estar segura de mí, ¿comprendes? No quiero tomar una decisión de la cual podría algún día arrepentirme, es por ello que me tomo tanto tiempo para reflexionar sobre mí... sobre nuestra situación. Nunca he estado tan insegura en mi vida, algo de todo esto me molesta; siempre supe que debía hacer, nunca tuve dudas, y por primera vez, debo hacer una elección que cambiará mi vida. Debo confesarte igualmente que tu carta me conmovió mucho; sabes, me ha hecho reflexionar. Tu amor es tan sincero, y tan puro... No sé si lo merezco. Es verdad, después de todo nunca he hecho algo que te haya hecho creer que ese amor que mueres en ofrecerme podría ser correspondido. Nunca te he visto como una mujer ve a un hombre... Simplemente porque no he sido una mujer. Mi corazón fue endurecido, me forjé una coraza que creía indestructible... Sin embargo, contra toda previsión, has logrado quebrarla, y no de la forma que crees. Es tu ausencia la que ha lacerado día a día mi capullo, que me ha marcado profundamente en la piel, y que me ha hecho tomar conciencia de mi verdadera naturaleza. Este despertar ha sido doloroso, era un poco como si viese por primera vez, con ojos nuevos pero llenos de vergüenza. ¿Cómo he podido ser tan estúpida? Debo rectificar lo que has dicho en tu última carta: piensas que dejé el château por causa tuya, es cierto. Crees que son los penosos hechos que se produjeron los que me impulsaron a vivir en el cuartel, es falso. Cuan lejos estás de la verdad... Si partí es para intentar olvidar. Quería borrar de mi memoria todos esos momentos felices que habíamos compartido, todas esas imágenes y esas impresiones que me habían marcado, todos esos recuerdos de los lugares donde habías vivido junto a mí. Quería olvidar todo, pues pensar en todo aquello me hacia sufrir horriblemente. A pesar de mi cólera, esos recuerdos me hacían falta. A pesar de mi rencor y de la humillación que me habías hecho sufrir, pude darme cuenta finalmente que esos recuerdos me atormentaban y que poco a poco dejaban lugar al arrepentimiento por haberte dicho que te vayas. Me haces falta, André. Seguramente vas a decir: "¡pero de qué habla, no sabe lo que quiere!" Tienes en parte razón. No estoy totalmente segura de qué quiero realmente. En cambio, sé que tu última carta no me ha dejado indemne. En efecto, me informaste sobre una importante carrera de caballos. La tentación era demasiado fuerte; no sé si lo hiciste a proposito, si fue así, acepté tu invitación. Me explico: me informé sobre esta carrera, y me enteré donde se llevaría a cabo. Cuando supe que sería en los alrededores de Versalles, no pude dejar de darme un salto por ahí. Sin duda lo adivinaste, quería verte. Hacía tanto tiempo que no te había visto, hacía un poco más de seis meses, que sentía la curiosidad de saber que efecto tendría sobre mi todo esto. Fue como si un rayo hubiese caído sobre mí; en cuanto te vi, sentí desvanecerme. Debí apoyarme contra un árbol, sin dejar de mirarte. Estabas tan concentrado en la carrera, y tan sereno... Fue una impresión verdaderamente extraña para mí. Me hice algunas preguntas, además todavía me hago algunas mientras te escribo. ¿Por qué el simple hecho de verte me procuró esta sensación de bienestar y de calor? Sentí que me derretía, como si mi cuerpo estuviese ardiendo completamente... Y en ese momento, sentí mis mejillas ruborizarse como si tu mirada posada sobre mí me traspasase. Creo que mi reflexión ha terminado; estaba aún indecisa al comenzar a redactar esta carta. Pero cuanto más dejaba mi pluma deslizarse sobre el papel, más me sumergía en los recuerdos y tuve que rendirme ante las evidencias. Me haces falta, André. Tu ausencia cada día me pesa un poco más. Si algún día el deseo de regresar al château te envuelve, recuerda que estaré ahí esperándote. Oscar. Continuará...