CORRESPONDENCIAS por Laney Traducido del francés por Yue-chan Capítulo III: Cartas sobre la mesa. De André a Oscar Oscar: Como me lo pediste, tomé algunas semanas de reflexión antes de responderte. Hace ya muchos meses que me fui, y a pesar de ello me parece verte sentada en un Sillón, ahí, justo frente a mí, mientras escribo estas palabras que vienen desde lo más profundo de mi corazón. Tu imagen ha permanecido intacta en mi memoria, la misma que persiste en reflejarme, como un espejo, las escenas de nuestra vida anterior, cuando aún estábamos en el château de tu padre. Nos veo batiéndonos decididamente a duelo con la espada; puedo sentir de tal manera tu terquedad por atrapar al Caballero Negro que todavía la percibo. Todos esos momentos vividos contigo, junto a ti, pero sobre todo por ti, son los mejores de toda mi vida. Debes preguntarte por qué te escribo todo esto. En realidad intento hacerte comprender que echo de menos la vida que hemos vivimos antes. No puedo soportar permanecer tan lejos de mi pasado, y me es intolerable, sobre todo, saber que has cambiado, que estás triste y que lloras. Espero que no sea a causa de Monsieur de Fersen. Oscar, disculpa que toque este tema pero quiero que sepas que nunca podré perdonarle el haberte hecho sufrir tanto. Es posible que yo te haya hecho aún más daño que él; tú eres la única que lo sabe. Ese es el por qué de mi sorpresa al recibir tu carta; ni un sólo segundo creí en la remota posibilidad de que algún día pudieses perdonarme. Pero tener esos pedazos de papel entre mis temblorosas manos, me dio una loca esperanza: que no me dabas la espalda de forma definitiva antes de dejar justificarme, aun si todo lo que he hecho no sea del todo justificable. Pero puedo responder a tu pregunta, recuerda cuando me preguntaste cómo habíamos podido llegar tan lejos. Por mi parte, la respuesta es muy simple: todo se derrumbó porque fui lo suficientemente débil como para no confesarte los sentimientos que tenía por ti. Oscar, tú lo sabes. Te amo. Mi corazón sangra, y desde hace más de veinte años reclama en silencio un poco de tu atención. No sé por qué nunca te lo dije, quizá a causa del inmenso foso que separa nuestras clases sociales. O habiendo comprendido que tú te inclinabas hacia Axel de Fersen, automáticamente me ensimismé y perdí la razón bebiendo en las tabernas. Luego, ese gesto insensato que esperaba alguna señal de tu parte... Cuando leí el miedo en tus ojos, me maldije y al mismo tiempo sentí rencor hacia ti. Sí Oscar, durante una fracción de segundo de odié. Te odié por todo lo que me hiciste soportar día tras día, por tu indiferencia a mis atenciones, por el amor que sentías hacía alguien que no lo sentía por ti. Maldije la mala suerte que se ensañaba conmigo, el plebeyo condenado a permanecer a la sombra de aquella a quien adoraba. ¿Por qué no me querías, yo que te ofrecía mi corazón? ¿Por qué te aferrabas a alguien que no te conocía tan bien como yo? Me di cuenta en ese momento que éramos semejantes; cada uno amaba sin ser correspondido. Podía entonces comprender tu dolor hacia Monsieur de Fersen, pues yo lo vivía diariamente durante veinte años. Luego, cuando vi tus lágrimas, supe que había hecho la más grande necedad de mi vida. Nada podrá disculpar mi acción. Mientras te escribo, no puedo evitar que la vergüenza se apodere de mi ser. Oscar, no sé si podré verte nuevamente a la cara. Además, vista las circunstancias, no creo que nos volvamos a ver. Te he abierto mi corazón, te he hecho participe de los sentimientos que me inquietan, ahora que no sé que hacer. No sé que más escribir. Pero quiero que me digas una cosa: júrame que no es por mi culpa que has dejado el château. Júrame que no soy yo el culpable de todos los cambios que han ocurrido en ti. Si por desgracia fuese el caso, creo que no me lo perdonaría nunca; Oscar, no quiero que sufras por mi culpa; ya he hecho suficiente. André. De la abuela a André Mi niño: Comprendo mejor tu pena. Debió ser verdaderamente atroz vivir cerca de Oscar ocultándole tus sentimientos. Y cuando le quisiste abrir tu corazón, todo se arruinó. Nunca pensé que ese era el origen del problema de ambos. Pero me dijiste que fuiste torpe: ¿qué has hecho exactamente? ¿Sabías que Oscar rechazó asistir a un baile en honor de Monsieur de Fersen? Ella me dijo, con una tono indiferente, que ya no quería escuchar hablar de él, y me hizo prometer no decírtelo. Oh! No debí habértelo dicho. Puedo decirte también que ella no fue indiferente a tu carta; no me lo demostró, pero en todo caso no dejaba de leerla y releerla. Un día que estaba en el château, la vi instalarse en la biblioteca y comenzar a escribir sobre unas hojas de papel, las mismas que lanzaba luego a la papelera. Sí, no fue indiferente a tu carta. No sé si ella está feliz, triste o irritada, ya que no logro descifrar la impenetrable expresión de su rostro. Sólo sé que ella la observa con atención. Bien, ahora voy a dejarte, deseando que seas valiente con los próximos acontecimientos. Tu abuela. De André a la abuela Mi querida abuela: ¡No sabes cuanta alegría me dio recibir tu carta! Estoy tan feliz de saber que lo que escribí produjo algún efecto sobre Oscar. Ahora espero su respuesta y al mismo tiempo la temo: tengo tanto miedo de ser decepcionado y rechazado otra vez. Aquí mi vida es siempre igual. El terrateniente ha regresado de su estadía en el Sur de Francia, y con gran sorpresa recibí su cálida felicitación por el "excelente trabajo" que realicé con sus caballos; creo que pronto estarán listos para la próxima carrera. En efecto, fui muy torpe cuando quise hablarle a Oscar de mis sentimientos. No tengo nada que agregar al respecto, y pienso verdaderamente que no tengo ganas de recordarlo, abuela. ¿Oscar rehusó asistir a un baile en honor de Axel de Fersen? Quizá comprendió que los sentimientos de este hombre por la Reina nunca cambiarán. Iguales a los míos por ella, que como un hierro candente me han marcado cruelmente desde hace tanto tiempo. Espero que no me responda con prisa, quisiera que se de cuenta que todo aquello que me escriba será determinante para nuestro futuro. Un beso. Tu nieto, André. De Oscar a André André: En primer lugar, debo confesarte que he rehecho esta carta más de diez veces. No estaba segura de mis palabras, incluso en el momento que te escribo todavía no lo estoy completamente. Como has podido comprobar, desde hace varias semanas reflexiono lo que podría responderte. El problema es que no sé exactamente que decirte, no quiero hacerte esperar algo que no estoy segura de tener, y al mismo tiempo no quiero hacerte sufrir más tiempo. Cuando te fuiste, me alivió el no verte más a mi lado; pensaba una y otra vez en ese incidente, y estaba verdaderamente furiosa contigo. Aquello no llegó al odio, pero el sólo hecho de escuchar a la abuela pronunciar tu nombre, me sacaba de mis casillas. No podía comprender como tú, mi amigo de siempre, aquel en quien tenía la mayor confianza, había podido reaccionar de esa forma hacia a mí. No podía comprender como habías podido creer que me sometería a tu voluntad; y sobre todo, no podía comprender como alguien que decía que me amaba, había podido lastimarme de una manera tan profunda. A pesar de todo eso, creo que ahora puedo perdonarte. Tu carta fue tan sincera que me preguntaba por qué todavía titubeaba en decirte que ese incidente ahora formaba parte de nuestro pasado. Es mi turno de ofrecer disculpas. Verdaderamente lamento no haber puesto más atención en ti, lamento haber olvidado tan a menudo el preguntarte si estabas bien o si todavía querías mantener tus obligaciones y permanecer a mi lado. ¡Cuan lejos estaba de darme cuenta que tu presencia era reconfortante para mí! André, has hecho de todo para hacerme la vida mucho mejor, a pesar de los problemas en la Corte. Tu siempre me has apoyado aun en los peores momentos, y has escuchado con atención mis recriminaciones. Me di cuenta que tu corazón batía al unísono con el mío, pero creía que era debido a una amistad sólida que desafiaba al tiempo. Nunca noté algo que me hubiese hecho sospechar, pues siempre has sido lo suficientemente distante, aun estando tan cerca. Es extraño, ¿no? Ahora que no estás aquí, siento un gran vacío. Cuando te fuiste, sin saberlo te llevaste una parte de mí, lo que explica mi extraño comportamiento del cual seguramente la abuela te habrá contado, y mi deseo de abandonar el château de mi padre. Puedo decirte entonces que es por ti que me fui: no podía permanecer en esta morada, ella me recordaba demasiados momentos dolorosos. Pero no te sientas culpable por esto, creo que ya te has castigado a ti mismo. Respecto a Monsieur de Fersen, me avergüenza haberte hablado de sentimientos frívolos que creía sentir por él. Además has hecho bien en plantear el asunto. No quiero saber cual de ustedes dos me ha hecho sufrir más. Todo lo que sé es que me duele más aceptar tu ausencia que la de él. Bueno, es todo lo que puedo decirte por el momento. Disculpa, todavía no me siento lo suficientemente segura de mí, como para darte una esperanza o una decepción. Espero que al arribo de esta carta, te encuentres bien de salud. Oscar. Continuará...