CORRESPONDENCIAS por Laney Traducido del francés por Yue-chan Capítulo II: Cuatro verdades De André a la abuela Querida abuela: Disculpa el haber demorado tanto en responderte, he estado muy ocupado estos últimos días. El terrateniente para el que trabajo ha viajado para aprovechar el clima del sur de Francia y estoy prácticamente sólo en el château, ocupándome de casi todo durante su ausencia. Hace un tiempo recibí una carta de Oscar que decía que estabas preocupada por mi suerte. Te lo repito, no hay ninguna razón para que te inquietes por mí. Estoy bien. Bueno, es cierto que a veces tengo mis altas y bajas, pero eso le ocurre a todo mundo. Al igual que a ti, me parece sorprendente que Oscar se haya mudado del château de su padre. Estoy de acuerdo, no es usual en ella cambiar de forma tan radical. Lamentablemente no creo que pueda hacerla entrar en razón: no estamos en muy buenos términos, y veo que lo has adivinado, entonces tú misma intenta hacerla razonar. Créeme, no te lo confieso con agrado; pero espero que ahora no te hagas más preguntas sobre nuestro comportamiento. Abuela, verdaderamente no puedo hablarte de ello, aun cuando deseo que alguien me ayude a salir de este infierno. Así es. Es verdaderamente atroz estar tan lejos de mi pasado, de todo aquello que amo y que es la razón de mi vida. Aquí debo mi supervivencia a todos esos momentos felices que forman parte de mis recuerdos. Me doy cuenta, con amargura por supuesto, que la vida no siempre es fácil. Bien, me detengo aquí, creo que no tengo mucho que decir. Te lo repito una vez más, no te preocupes por mí. Estaré bien mientras sepa que tú también lo estás. Tu nieto, André. De Oscar a André André: No imaginé recibir una acogida tan glacial luego de leer tu carta. Nunca creí que pudieses ser tan frío y distante. Sé que la abuela es tu única familia, y que la quieres mucho. Debo pues disculparme por haber osado proponerte una conducta a seguir en lo que te concierne. Sé también que debe ser duro vivir tan lejos de ella. Sabes, me hace falta igualmente. Ahora que yo también partí, me doy cuenta que su presencia era reconfortante para mí. Sí, he partido. Pero creo que la abuela te lo había dicho, en todo caso me puso al tanto de que lo haría. ¿Dices que nadie nunca se preocupó por ti? Dudo en creerte. Al menos una vez tu abuela ha desempeñado ese papel; fue ella quien te reconfortó luego de enterarse de la muerte de tus padres, ¿no? En cuanto a mí, no sé que decir. En ese sentido somos parecidos, ya que no hemos velado el uno por el otro; cada uno ha cometido errores. A propósito de "nosotros", no pensaba, al escribirlo, que iría a provocar esa reacción de tu parte. Eso tampoco puedo responderte. Me entristece, debí haber comprendido mal lo que insinuaste, o quizá sea que tengo miedo de hacerlo. La abuela me mostró la carta que le habías enviado. La recibió hace más o menos dos semanas, pero no pude reaccionar sino hasta hoy: no te ocupes de mi decisión de quedarme en el cuartel. Simplemente no puedo quedarme más en la mansión de mi padre. Pero eso no es más que un detalle. Veo que no eres feliz allá donde te encuentras. Veo que no soy la única en lamentar mi pasado. ¿Cómo hemos llegado tan lejos André? ¿Qué hemos dejado de hacer para encontrarnos en esta situación? Me alivia saber que no has hablado del incidente con la abuela, y no únicamente por mí: estoy segura que para ti habría sido penoso confesárselo. Más penoso aún el que estabas bajo los efectos del alcohol... Sé lo que me vas a escribir: "Oscar, eras tú quien no quería hablar de ello". Sí, era yo. Pero ahora me doy cuenta que eso no obliga a nadie a cubrirse el rostro; más vale matar todo el dolor que nos carcome, antes que nos mate primero. Sí, estoy tan sorprendida como tú. No pensaba tener el coraje de decirte todo esto, entonces te suplico que no me respondas con prisa. Tomate tiempo para medir tus palabras, o no respondo más sobre todo aquello que nos involucra. Oscar. De la abuela a André Mi pequeño: ¿Cómo quieres que no me inquiete cuando me envías cartas tan conmovedoras? Estás triste, me lo has confesado, y persistes en querer permanecer solo en tu dolor. Verdaderamente no comprendo tu actitud y tampoco la de Oscar. Me duele saber que ambos están tan tristes, sobre todo al enterarme que algo ha ocurrido entre ustedes y ha provocado su alejamiento. Tengo miedo de imaginarme que es lo que realmente ha pasado, además, el huir así de sus problemas no es de ustedes. Porque huir de lo que se ha hecho es demasiado. Recuerdo sus apasionadas discusiones, sus agitadas peleas, a veces dolorosas, pero que al menos tenían el mérito de restablecer esa cómplice alianza entre ustedes. Piénsalo mi niño. Haz algo, sé que tu situación te parece intolerable. Tu abuela. De André a la abuela Querida abuela: Sé que no puedes dejar de recordarnos a Oscar y a mí en nuestros primeros días, ahora tan lejanos, cuando nada nos preocupaba. Todo no es tan simple. ¿Crees que me place ser frío con ella? No, creo que esta vez una discusión no sería suficiente. No dejo de pensar todos los días en aquel incidente, maldiciendo las nefastas consecuencias que manchan hoy nuestras vidas. En mis momentos de soledad, trato de reconsiderar la situación desde todos sus ángulos, sin ningún resultado. ¿Quién sabe?, algún día, quizá, llegaré a encontrar la solución a toda esta historia. Espero que ese salvador día no esté lejano, pues aún no logro encontrar las palabras para expresarle a Oscar todo lo que siento. Abuela, ella me ha escrito recientemente y su carta me dejó desconcertado. Me señaló claramente que quería que "hablemos" de nuestro problema, pero al mismo tiempo creo que teme al momento en que todo será dicho. Sé con seguridad que duda de lo que le diré si respondo su carta, es por ello que prefiero esperar un poco antes de darle una respuesta. Abuela, ¿puedes decírselo por mí? Pero no creas que soy un cobarde y que no tengo el coraje de decírselo yo mismo; solamente estoy al límite de mis fuerzas en este momento. Cuídate. André. De la abuela a André Mi niño: Transmití tu mensaje a Oscar, o mejor dicho, le mostré tu carta. No puedo describirte su reacción sino con estas únicas palabras: estaba sorprendida y me preguntó si me encontraba al tanto de sus problemas. Le respondí que no, que no querías hablarme de ello y que de todos modos le mostraba las cartas que había recibido de ti. Así pudo constatar por si misma que yo no sabía nada. Eso dijo. Me pareció preocupada durante toda la comida; puedes imaginar el ambiente, el General sumergido en sus documentos y Oscar que ni siquiera tocó su plato. Hacía una semana que no la había visto. Sabes, no vino a comer al château de los Jarjayes sino en muy raras ocasiones. Cada vez que la veía sentía una angustia en el corazón, y yo no dejaba de decirme que ella tampoco era feliz. Le hice saber lo que pensaba. Le dije que ambos me preocupaban mucho. ¿Sabes qué me respondió? Que no servía para nada. Enseguida se rectificó y dijo con un tono distante: "por último... no es del todo mi culpa." ¿Comprendes lo que trato de decir, André? Oscar indirectamente ha reconocido su cuota de responsabilidad en su historia, y estoy decidida a que ella ponga las cosas en claro. Me parece tan ensimismada, y tan perdida a veces. El domingo pasado la vi apoyada contra la puerta cerrada de la caballeriza. Su mirada se perdía en los alrededores, e inconscientemente acariciaba la hoja de su espada. Me acerqué a ella, y cuando se dio cuenta que venía, entró apresuradamente en la caballeriza y salió en un segundo. Ella había llorado, André. Nunca la había visto así. No me preguntes la razón de su llanto, no tengo la menor idea, o quizá si, tengo algunas dudas pero no quiero decírtelas. Una vez más, toma tu pluma y escribe a Oscar. Eso les hará bien a ambos. Tu abuela. De André a la abuela Mi querida abuela: Voy a seguir tus consejos. Bien, le escribiré a Oscar, aún si temo su respuesta. ¿Sabes lo que me duele más? Es el contarte mis problemas olvidando que ellos no deben ser los tuyos. No deberías ser una intermediaria entre Oscar y yo. Espero tranquilizarte diciéndote que estoy mejor. Tus cartas quizá tienen la capacidad de levantarme el ánimo, lo cierto es que al menos me reconfortan y me dan fe en el porvenir. Sé que siempre tienes la razón. ¡Incluso hoy! Abuela, eres un modelo de sabiduría y estoy realmente feliz que te ocupes de mí con tanta atención. ¿Me dices que Oscar no está bien? Puedo creerlo con facilidad. Estoy harto de vivir esta situación, eso debe ser igual para ella. Sé que es fuerte, ciertamente más que su padre y yo juntos, pero no olvides que también es un ser humano y que tiene un corazón. Y ese corazón ha sido gravemente lastimado por mi culpa, abuela. Su sangre se derramó y se esparció como una capa indeleble sobre mí... Ella estaba en agonía... y mi partida ha sido el remedio para esa hemorragia. Creo que puedo decírtelo ahora. ¿Qué importa querer guardar este secreto que ya no lo es, pues se develó prematuramente y causa la tortura que sufro día a día? La amo, abuela. La amo desde la primera vez que la vi. Es intentando torpemente hacérselo entender que destruí nuestras vidas para siempre. André. Continuará...