INTUS, ET IN CUTE* por Laney Traducido del francés por Yue-chan Nunca podré olvidar el rostro de aquella pequeña... un ángel de cabellos rubios que debió haberse perdido en la ruta hacia los cielos. Doy gracias al cielo por haberme confiado esta pequeña. Mis plegarias fueron escuchadas en el momento que mis deslumbrados ojos se posaron sobre mi hija. Mi querida Oscar. Un querubín con ojos de zafiro que me miraba con aire decidido, como si comprendiese que la primera alegría que envolvía su nacimiento iba a ser reemplazada por una injusta locura. Sus breves instantes, queridos entre todos, durante los cuales pude todavía tenerla entre mis brazos, me parecen ahora tan lejanos. Ella tiene ya quince años, y nada en su comportamiento corresponde a su verdadera condición. ¿Cómo pude permitir que la locura me ganara de este modo? Oscar no fue concebida para imitar a los hombres, a pesar de sus numerosas cualidades que no cesan de desengañarme. Oscar es una mujer, y no más una niña. Ella ha conocido sufrimientos más crueles que los soportados por las jóvenes de la Corte. Sí, mi hija es ahora una mujer. Tan fuerte y valiente que no importan aquellas valerosas madres de familia de su edad, ocupándose de pequeños niños. Pero es una mujer particular; por mi culpa su destino la ha precipitado en los abismos de pesadas responsabilidades y de enormes sacrificios. El más penoso, ciertamente, es renunciar a su femineidad. Imagino que al levantarse todas las mañanas, mira la imagen que refleja su espejo y se pregunta por las razones que la empujaron a jugar, a pesar de ella, esta pesada comedia. Ella es una mujer fuera de lo común que ha debido abandonar los planes plenamente trazados por nuestra familia; sus hermanas se casaron muy jóvenes y no tardaron en convertirse en madres. Mi Oscar no conocerá jamás esta experiencia, y soy yo la culpable. Pero, ¿es verdaderamente un daño? Nadie se casa por amor en este país. Mis hijas siempre lo supieron y nunca se hicieron ilusiones. No fui mas que una mercader que las negoció. Al menos, pude evitar que Oscar sufriese todo aquello. Esa humillación y disgusto consigo mismas que llega cuando se dan cuenta que su vida pertenece a la persona que han desposado. A veces pienso que todo lo que ha ocurrido ha sido lo mejor para ella. Como Capitana de la Guardia de los Delfines Luis y María Antonieta, tiene la libertad de cabalgar o donde le plazca y de descubrir cosas nuevas. Ella no habría podido disfrutar de esa libertad estando casada. Además mi hija tiene un carácter peculiar, que marca una inmensa distancia entre sus hermanas y ella. La última hija de la familia, no se parece a ninguna de mis otras hijas ávidas de vestidos y encajes. Es posible que mi querida Oscar haya podido tener sus mismos deseos, pero nunca me lo dijo. Sus ojos azules, destellantes de franqueza, siempre me han parecido insensibles a los accesorios femeninos. Mi hija es una mujer cada vez más masculina. Se ha vuelto tan tenaz en estos últimos años que temo un endurecimiento de su corazón. No deja traslucir ninguna emoción aunque debe sufrir por su situación. Me desangro al verla batirse en duelo frecuentemente; no me atrevo a imaginar los duros combates que frecuentemente la oponen a los bárbaros de este país. La presencia de André a su lado me tranquiliza. Pobre André. Él también ha sacrificado su vida. La ha dedicado a mi hija quien no es aún consciente. Veo que sufre en silencio pero no puedo hacer nada por él. No puedo hacer nada por ellos. La única diferencia entre Oscar y André es que él no estaba obligado a entregar así su existencia. Su padre no estuvo constantemente detrás de él para advertirle preservar el honor de la familia. No puedo repara mis errores pasados. Todo lo que pido, es que el Cielo venga en ayuda de mi pequeña. Que ella pueda un día encontrar su camino y perdone mi debilidad. Que ella pueda encontrar la felicidad con alguien, aun si él mismo le está prohibido. Sería una excepción a la regla. Siempre hay una. Oscar ha sido siempre la excepción de la familia. Recuerdo el entusiasmo que había en sus primeros pasos, su extraordinaria habilidad con la espada y su asombrosa agilidad al cabalgar. Yo sé que le he robado su juventud, y probablemente su existencia entera. Pero mi querida Oscar no es de ese tipo de personas que se deja engañar. Sé que ella tendrá un momento en su vida donde se rebelará contra la decisión de su padre. Eso había fallado en llegar el año pasado antes que de convertirse en Capitán de la Guardia. Ella había aceptado entonces, resignada. No sé porque obscura razón aceptó esa decisión. Pero lo siento en lo más profundo de mis entrañas, las mismas que acogieron este valeroso ángel de cabellos rubios. Oscar no se doblegará eternamente a los mínimos deseos de su padre. El día que ella decidirá escoger por sí misma su vida, ciertamente permanecerá marcado en la historia de nuestra familia. Y ese día, yo, su madre, le daré todo el amor y el apoyo de los que la privé hasta entonces. Julio 2002. ------------ (*) Locución latina que significa "dentro y sobre la piel".