THE ROSE OF VERSAILLES por Fátima Capítulo VII: Travesuras de niña. Habían pasado varias semanas, e increíblemente, Oscar seguía con estricta disciplina aquella rutina de sopa de verduras y mucho líquido por la mañana. A pesar de ello, ella seguía confinada en su habitación protestando hasta porque las aves que trinaban en su ventana gozaban de màs movimiento y libertad que ella. Asi que no faltaban pañuelitos arrollados alrededor de su ventana, pues, como la envidia mataba a esta niña, no tenía nada mejor que hacer que practicar su puntería con los pajaritos. Cuando por fin pudo sentir que sus cuerdas vocales volvían a emitir sonidos, trataba de cantar melodías en latin mezcladas con obscenidades en francés. O como extrañaba sus instrumentos, gritaba desaforada cada vez que oia pisadas en el pasillo "Quiero mi violin"! Tráiganme un piano! Necesito mi piano! Cuando la depresión tomaba parte de sus pensamientos, solia gritar que queria sus armas. Pero nadie la escuchaba. Afortunadamente. Una de aquellas tardes, no tenía a quien fastidiar, debido a que la Nana era demasiado dulce con ella, no se atrevía como sí con las demás criadas... pero todas ellas tenían prohibida la entrada al cuarto de Oscar. Así que como la aburrida Oscar sabia que esa tarde tenia visita, decidió portarse mal con su próxima victima. Monsieur LaFontaine hizo su aparición a las 16:00 de esa calurosa tarde, como de costumbre, terminaba una ronda de visitas por el pueblo, y dejaba como ultima penuria soportar a la consentida señorita Jarjayes que reposaba en su cama. Sentado en una silla, presionando el centro de sus anteojos contra su nariz, solto un comentario como este, que causò cierta reaccion en la malcriada: -" Lady Oscar, soy un hombre bastante paciente. Sabéis perfectamente que mientras vuestras heridas del cuerpo estén cicatrizando, las de vuestra cabeza y especialmente ésta de vuestro cuello, no tienen el mismo proceso y aun estan delicadas. Moverse o gritar no adelantara el fin de vuestro tratamiento, al contrario, agravará vuestra condicion. Como os vengo repitiendo semanas atrás, mientras mas descanseis, màs pronto sanareis." Luego de su acostumbrado cambio de vendajes, Oscar quedó sin esa sensación de ser una momia egipcia. El doctor le retiro las vendas de las piernas y las que rodeaban su cintura. Rodeo con suave tela el cuello y aplico unas gotas en la herida de la frente. Oscar suspirò fuertemente en forma de molestia que el aire que salia de su boca, consiguió levantar el flequillo que empezaba a caer sobre su frente. En ese instante, una punzada familiar en su garganta se habia formado iniciando asi un espasmo de tos. Un nuevo pañuelo desaparecia del monton que habia en su cajon de noche. Luego de que aquella tela se habia teñido de rojo, Oscar alcanzo a proferir sus maldiciones: -Y decidme Monsieur le docteur, de que me serviran vuestros servicios si al final, morire de tuberculosis? O acaso solo quiere atender a una ex noble para exhibir eso en vuestro currículum? No os esforcéis... no lo logrará. Solicitad a mi hermana el pago de vuestros honorarios por los servicios, y por favor, dejad de venir a fastidiarme en mi lecho de muerte. -Lady Oscar: ya os dije que vos sois bastante bonita cuando sois irónica y fastidiosa? Discutís conmigo solo por el placer de hacerlo, y a pesar de llevar vuestros treinta y pico de edad, pareceis una adolescente de catorce. -Hacedme el favor de retiraros. Si necesito de un doctor llamare al del pueblo, y cuando necesite un verdugo, mandarè a buscar por vuestra merced! El mèdico sin decir palabra alguna, tomo sus implementos, levanto su constitución de la silla, y dio unos pasos hacia la puerta, la abrio a sus espaldas y pronuncio lo siguiente: _ A pesar de vuestra resistencia, vuestra inmadurez, y vuestras ganas de exhibirse como niña mimada, conseguire lo que me he propuesto hace semanas: Conseguirè que se vuelva a levantar de esta cama, sana y completamente feliz, y la invitarè a un café parisino. Buenas tardes. Un florero delicado se hizo pedazos al estrellarse contra la puerta que se cerro rapidamente. Un pisapapeles de porcelana iba a correr la misma suerte, cuando la ex capitana percibió que la proxima en abrir la misma puerta fue su querida Nana, que traia algunas camisas blancas en un cesto. -Nana! Què hacias detrás de la puerta?!?!?! -Pregunto Oscar con aquello en sus manos. -Supongo que solo ibas a acomodar esa porcelana, mi querida niña Oscar. -Si... ehhh... ^_^ La anciana llevo sus manos a su cintura, y con su voz màs grave, solto a Oscar un buen sermón: -Alguien deberia estar aquí para hacerte compañía y conseguir que no te despegues de esta cama. Debes descansar. Tienes que hacerlo... te conozco perfectamente, y no me puedes engañar. Nada mas hay que mirar el desorden en que convertiste tu cuarto. Libros aquí y allá, tus pañuelos que tanto trabajo me cuesta blanquearlos... hasta restos de comida estrellados por la pared. Qué te esta pasando mi niña? Ni siquiera cuando tenias tus cinco años... ni cuando tenias que estar en cama por tus dolores menstruales! Sinceramente, espero que superes pronto esta etapa. - La anciana se saco los diminutos anteojos y los seco con un extremo de su delantal y suspiro hondamente. -Tu familia te necesita, Lady Oscar, tienes que reponerte para ayudar a tu familia a encontrar a tus padres. Hacen días que no responde nadie en la Mansión Jarjayes, no hay puerta ni ventana abierta. Ni siquiera los antiguos criados que vivían en las cercanías pueden decir què rumbo tomaron tus padres. Tu hermana trata de disimular su dolor frente a su hijo, incluso frente a mi, y prefiere no ponerte muy al tanto de la situación para no alterar el progreso de tu restablecimiento, pero que me disculpe Cecilia, pero alguien tiene que ponerte al tanto de esta situación. Con hacer berrinches y no colaborar con nada en tu recuperación solo alargaras el estado de angustia en que vive tu pobre hermana. Su marido que no vuelve de sus negocios, sin noticias de sus padres, y encima, una hermana postrada en cama que solo sabe protestar por todo y que se porta de manera ruda e inmadura más que su propio hijo! Mientras la nana reprochaba a Oscar, ella, cada vez màs se hundia entre sus almohadas y sabanas, y escondia su figura bajo una manta. Luego, abruptamente se tornò hacia un lado de la cama y dio las espaldas a la anciana. La nana agrego que la señorita no conseguiria huir de su mirada, asi que cruzo la habitación y se puso nuevamente frente a Oscar, y descubrio que su niña estaba ahogándose en llanto y escupiendo sangre nuevamente. La nana se sento a su lado y aparto los cabellos de Oscar que estaban sobre su rostro. -Niña Oscar... yo tambien te necesito. Ya no tengo a mi nieto conmigo, y necesito al menos a uno de vosotros a mi lado. Oscar extendio los brazos y ahogo su llando sobre los hombros de la nana. -Te prometo que me recuperarè pronto. -Estarè aquí para que cumplas tus promesas. Alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que hacerlo... era como si esa frase estuviera tan cargada de sentimiento. Es que ya no estaba ese alguien que solia hacerlo. Ya no estaba ese alguien que era el que calmaba los arranques de ira, el que le aconsejaba, aquel que sacaba sus propias conclusiones de todo lo que a ella le afectaba, y al final, ella tomaba por suyas esas palabras. Ya no estaba André. Durante los dias que no pudo hablar, fue un buen ejercicio el pensar. Y solo le restaba pensar y ahogarse en recuerdos, vivir con los ojos húmedos de tantas lagrimas refugiadas en sus còrneas, sin poder decirle a nadie que por una noche fue feliz y al dia siguiente se sumiò en la angustia de perder al hombre que ella amaba... sin saber hasta ese momento su paradero. Luego, al transcurrir las horas y los dias, y mientras la lucidez formaba parte de sus mañanas sin tanto laudano... la resignación fue el sentimiento que empezaba a sentir. Su Ander debia haber muerto. Ahogada con aquel sentimiento, solo por una noche llorò y sollozò sin reposar, sin que la nana pudiera comprender lo que le sucedia a su niña. Y ahora, nuevamente luego de ahogar sus lagrimas en los hombros de su antigua niñera, e incorporarse en su cama, apretando una almohada contra su pecho mientras unas lagrimas le surcaban las mejillas, en presencia de la anciana, inconscientemente, largó un ultimo sollozo al aire. -Andrè! La anciana abrio sus ojos sorprendida por aquella forma de lamentarse. Fin del capítulo 7º