THE ROSE OF VERSAILLES por Fátima Capítulo VI: Un amigo en común. Anne Savorgnan, aún continuaba mirando aquella escena. Le parecía un milagro encontrar con vida a aquel muchacho, y la niña tenía mucho parecido con la hija que perdió a causa de la viruela. No podía menos que apreciarlos. Aunque su marido era un hombre rudo, y falto de sentimientos, ella sabía que esa chiquilla, tendría ahora la edad que hubiera tenido su pequeña Joan, y que él tarde o temprano, terminaría por aceptarla como huésped. -Aceptarlos, sería meternos en problemas - le había dicho el hombre, con un suspiro que inútilmente trataría de convencerla.- Solo fíjate, ese hombre tiene uniforme, de algún modo, las autoridades podrían venir a reclamar y nosotros podremos ir presos por encubrir a estas personas... -Pero, querido! - Insistió la mujer - quién les dará hospedaje? Qué dirán tus antepasados hugonotes, si te oyeran negándote a prestar ayuda a tus prójimos? -Me importa un bledo los antepasados... Solo los aceptaremos por la paga... y nada más. Al primer disturbio cercano, los echamos a la calle... y no insistas màs en este punto, Anne! La señora no prestò mucha atención a esas palabras. Sabía que de todos modos, ella se saldría con la suya... y como siempre, asi lo hizo. Ahora estaba contemplando aquella escena, donde dos amigos extrañamente se vuelven a encontrar, y una niña no tiene reparos en ofrecer sus cuidados a un hombre que apenas conoce. -Dime, y tus padres, pequeña, què fueron de ellos? -Lamentablemente, Sir, ellos fueron castigados y perseguidos por sus ideas papistas en Inglaterra, el mejor lugar para conseguir albergue, era la Francia de Luis XVI... pero, tras convertirse este reino en cualquier circo romano, nuestras ideas pronto pasaron a ser las de "herejes políticos". Viviamos en un pueblito feudal que pertenecía a un Conde, llamado Polignac, que luego de sufrir el abandono de su mujer, cada noche se embriagaba, y mandaba a azotar a todos sus feudos. Una noche, cuando yo tenìa solo 6 años, quiso abusar de mi madre, y mi padre que se encontraba cerca, la quiso defender y lo unico que recibiò fue una estocada de parte de aquel hombre malvado. Mi madre no corriò mejor suerte, de la misma forma que mi padre agonizaba, pronto el hombre tambièn hundiò su espada en el pecho de mi madre. - La niña comenzò a derramar làgrimas- Solo quedamos mi hermano mayor y yo, tristes testigos de la muerte de nuestros padres, presos del miedo, y profunda impotencia. El amo, no reparò en nuestra desgracia, sino hasta dos semanas después, que enviò a unos hombres, sus capataces, sus villanos, a que incendiaran la choza en la que vivìamos, y esos hombres, nos enviaron en una carreta a un "castillo" como nos decìan... cuando aquel castillo, solo era La Bastilla. -Qué triste, pequeña - dijo Allain, secándose unas lagrimas rebeldes con la manga de su camisa- -Y dime, Tiffany, què fue de tu hermano? - inquiriò Andre -Jonathan, mi querido Jonathan, murió de tuberculosis al poco tiempo de ingresar a aquel lugar. Siempre fue debil de los pulmones, y nuestra inmunda celda, solo tenia unas rendijas para ver la luz del sol y conviviamos con las ratas en unos sucios pajares que nos servian de cama cada noche. Verdaderamente aquella historia conmovió a los hombres, que tras un largo rato de silencio, André solo alcanzò a pronunciar: -Tiffany Meredith: Te pido perdón por todas las injusticias que tuviste que pasar en mi pais. No tengo nada que ofrecerte, màs que mi profunda amistad y gratitud. -Lo mismo digo - se sumò Allain. -Messieurs, solo quiero pedirles un favor. Quiero permanecer a vuestro lado para lo que os ofrezcáis. No tuve por años màs familia que las ratas de la Bastilla, y ahora que os conozco, no quisiera separarme de vuestra compañía. Llevadme a donde vayáis. Por favor. -Hombre! Pero qué tenemos aquí? - dijo Allain en el tono alegre que siempre lo caracterizò...- Mira niña... el està comprometido y cree que su mujer está viva... y yo, pues... estoy muy viejo para ti... Tiffany solo alcanzò a sonrojarse... y Anne se acercó a ella dándole unas palmadas en la espalda. -Niña, yo sería muy feliz de que te quedases a vivir por siempre en esta casa, pero si tu destino es seguir a estos hombres, hazlo. Con estas palabras, Tiffany solo comprendió que el cariño que Anne tenia hacia ella era profundo... Abrió bien grande los ojos y dejó colarse unas làgrimas por entre sus còrneas. Solo alcanzò a balbucear unas cuantas palabras ininteligibles. Mientras Anne trataba de convencer a Tiffany de su amor como madre adoptiva... los soldados cambiaban de tema bruscamente. -Allain, yo sè donde vive la hermana de Oscar. Te pediría más tiempo para ir a buscarla entrambos, pero, tengo prisa por saber còmo està. El sargento, no dudò un solo segundo, y al rato contesto: -Si es facil llegar hasta ahì, yo iré y te traeré novedades, amigo. -Solo tú sabes cuan grande es lo que siento por ella, y solo tu sabes cuanto necesito saber de su vida, lo sabes porque también la quisiste... Una sonrisa triste se dibujò en el rostro de Allain, mientras André mantenia ambas manos cerca de su propio rostro... -André, lo que haya podido sentir por tu mujer, es cosa del pasado. Ella es tan buena amiga mìa como tu. La respeto y la respetaré siempre. Nunca pienses que podria profesarle otro sentimiento distinto al de una gran admiración. Sinceramente, a ambos. -No se que decirte. -Nada... solo dame la dirección. -Si. Dame un papel y trazaré el camino. Allain cogio un trozo de papel y una pluma maltrecha que Anne les alcanzo enseguida. Cuando Allain se disponia a entregarle a su amigo dichos implementos, pensó dos veces y dijo: -Acaso, tú... no estabas ciego? -Tú crees en los milagros, Soisson? Si no, bueno, no tengo mucho que explicarte. -Pues... bueno, primero suponer a Oscar viva es un milagro, y luego encontrarte a ti aquí vivo, es otro milagro... si ahora dejaste de ser ciego... bueno, de alguna forma es un milagro que podría creérmelo más fácilmente. -Fue El.- Dijo André señalando hacia arriba con su dedo índice, pero pronto bajó la mirada para comenzar el garabato que sería la dirección de la mansión de Cecilia. -Quien? Preguntó el ateo de Allain, mirando hacia el techo- No veo a nadie por ahí- -Ya sabes Quien. -Si, me imagino, pero, al decir verdad, realmente no creo mucho en los milagros, solo que si me dices que estàs bien, yo lo creo y en verdad que me alegro contigo. -Mira, Soisson, este es el lugar. Una vez en el pueblo, sè que el Chateau queda a apenas dos leguas de la pequeña Iglesia que tienen. Ahí puedes preguntar por la familia Rothiers, por Cecilia...que es la hermana de Oscar. Fin del capítulo 6º