THE ROSE OF VERSAILLES por Fátima Capítulo V: Vuelve, Oscar, vuelve. -Madre! Madre! El carruaje se encuentra a una milla de aquí! -Con el ruido de los cascos de su caballo, Jacques Routhier atravesó el patio de la casa familiar. Se trataba de un chiquillo de 15 años, que agitado, bajó de su corcel, para inclinarse ante la figura materna que se encontraba en el pórtico.-Madre, ella ya está llegando! - exclamó con los ojos brillantes. -Por favor, baja la voz, jovencito...- Cecilia lo reprochó. -Sé que estás tan ansioso como yo de recibirla, pero tu tía aun está muy enferma, y necesitará de paz y tranquilidad en este hogar. -Lo sé, querida Madre, pero no es maravilloso? Tía Oscar, aquí, en verdad, la Protectora de la Reina, la Conquistadora de la Bastilla! -Jacques! Estás yendo muy lejos. Ven, entra por aquí. El joven bajó la cabeza, sacudió sus rubios cabellos de arena, y se acercó a su madre: -Perdonadme, madre, pero no puedo evitar sentirme así, siempre he admirado a la tia Oscar... Mientras su madre ingresaba al salón principal, dándole las espaldas, el fijó su mirada hacia el gran portón de la pequeña mansión... -Mira! Alguien debe quedarse a vigilar la entrada para cuando venga! Su madre respiro profundamente, entendiendo los sentimientos impetuosos de aquel jovenzuelo, y con una lánguida sonrisa, le dijo amorosamente a su hijo: -Esta bien, si no te es mucha molestia puedes hacerlo. Nada más fíjate en no permanecer mucho tiempo bajo el sol. El muchacho avanzó presurosamente, tomó su caballo y se instaló junto con su mastín a montar guardia en la entrada. -Ya sé...tú también estás impaciente... ya verás... ella vendrá muy pronto... Oscar François de Jarjayes... El joven emitió varios suspiros mientras le hablaba a su perro. Cecilia lo miraba desde la ventana. No podía más que sonrojarse y sonreír... Veía a su hijo y de vez en cuando recordaba a su padre, el General Jarjayes, diciendo que Jacques tenía las mismas facciones que su pequeña hermana Oscar, y que de haber aparecido Jacques antes de Oscar, tal vez, ella hubiera sido criada como otra de las hermanas Jarjayes... Y Cecilia lo volvía a mirar... Su Jacques, siempre tan impulsivo, había crecido admirando y adorando a Oscar... cada comentario que escuchaba acerca de ella...era para él algo impresionante, la veía como a un mito, a una leyenda. Hasta había escrito un diario donde iba repitiendo cada palabra que escuchaba de los demás acerca de ella. Una vez, le había pedido a su madre que leyera aquel diario y le había dicho si escribir las hazañas de su tia en un libro, sería en lo que próximamente estaria trabajando. De hecho, Cecilia lo veía por las noches desvelarse escribiendo aquel libro. También recordaba la última vez que vio a su pequeña hermana, desde aquella vez, habían pasado más de 20 años... "Como se verá ahora?" "Habrá cambiado mucho"? -Eran los pensamientos que ocupaban su mente. Recordó que su en su juventud, Oscar solo prefería tener una cama sencilla, sin ninguna sofisticación... Pero Nanny le había informado, que conforme Oscar fue creciendo, su habitación se fue convirtiendo en algo sagrado para la Comandante. -"Creiamos que su cuarto era su refugio, su mundo particular. Siempre guardaba sus cosas más intimas ahí, y a veces ni siquiera quería que me acercara a tocar algo de su "desorden"... De la cabecera de su cama, pendía un crucifijo de oro probando su arraigo a la religión católica, regalo de un admirador, como solia decir siempre, pero en realidad, supimos que era un regalo de su padre; acostumbraba a leer mucho por las noches, para poder dormirse, entonces, siempre habían tres o cuatro libros guardados debajo de la cama... -Suspiró la ex ama de llaves- André y ella, amaban la lectura, y hubo noches en que ambos salían de sus dormitorios e intercambiaban los libros que terminaran de leer..." Cecilia recordó a la anciana que la cuidó desde niña haciendo esos comentarios, de vez en cuando dejando escapar algunas lágrimas por la pérdida de su nieto... Mientras se abrazaba a sí misma, Cecilia pronto empezó a sentirse algo incómoda con una gran pregunta que surgió en su mente: Si era ella quien debía contar o no al resto de la familia que su hermana había sobrevivido a la Revolución... -"Será mejor que no interfiera en la vida de Oscar... Es su vida, y será mejor que ella lo decida... Esta cuestión la resolveremos cuando ella esté aquí"- Se dijo a sí misma. Pronto unos pasos agitados la sacaron de sus pensamientos. -Todo está listo para la llegada de Mademoiselle Oscar! - Irrumpió Nanny desatándose el delantal... -Hemos hecho un magnífico trabajo en el cuarto que será ahora de ella... -Gracias Nanny... tu siempre eres mejor en todo esto que yo, y eres la unica persona que ella merece la cuide - Dijo Cecilia abrazando a su Nana. -Es verdad...Recuerdas? Lo mismo decias de ti cuando eras pequeña... y mirate ahora. -Sí, lo sé... aunque parezca una gran señora de la casa, todavía te necesito, y se que tú nunca me dejarás. -Claro, alguien tiene que dirigir esa pequeña cabecita...-Sonrió la abuela de André. Durante un momento reinó el silencio en aquel salón... hasta que de repente se oyó: -Madre! Ya están aquí... Madre, Madre!!! A lo lejos, Cecilia y Nanny pudieron observar como Jacques extendía los brazos al divisar un carruaje tirado por dos caballos, y aproximarse al mismo, y dirigir a los mismos hasta la entrada a la casa. Cecilia bajó presurosa las gradas y se detuvo frente a la puerta de aquel vetusto carruaje. Vió al médico y en su ansiedad, lo único que atinó a pronunciar fue: -Doctor, dígame, como se encuentra mi hermana? La Fontaine primero se acercó a aquella mujer, y con una debil sonrisa, la tranquilizó diciendo: -Ella está muy cansada, extremadamente adolorida e increíblemente débil... pero, a pesar de ello, existe una gran posibilidad de que se recupere, con una estricta dieta y reposo absoluto. -Gracias a Dios! - Exclamó la hermana mayor, y mientras veía aquella cabellera dorada dentro del carruaje y a un cuerpo dentro del mismo respirando dificultosamente, las lágrimas iban surcando sus mejillas. El niño la miraba, y no entendía aquellas lágrimas... Bajó de su caballo, y se acercó a Cecilia. -Madre? - Estará bien, les aseguro - Afirmó La Fontaine - Pero ahora, necesito alguna ayuda: Crees que eres suficientemente fuerte como para ayudarme a transportar a mi paciente hasta ahí dentro? - dijo el médico guiñando un ojo al joven... -Por supuesto! - Sonrió este. La Fontaine abrió las puertas del carruaje, y desató las ataduras que sujetaban el cuerpo de Oscar junto con la tabla al asiento posterior del vehículo. Removió aquella tabla, e indicó a Jacques que sostenga el otro extremo con mucho cuidado. El chico siguió paso a paso aquellas indicaciones. Jacques de pronto palideció al ver las condiciones deplorables en que se hallaba su heroína... lo creía porque la estaba viendo. Eso, si alguien se lo contaba, jamás hubiera dado crédito a esas palabras. Veìa en ella una expresión de agudo dolor, combinada con demasiados vendajes, moretones, y rasgaduras... en algunas heridas, las manchas de sangre traspasaban las vendas... en otras, el polvo se hacía presente. El único brazo que no se hallaba inmovilizado, descansaba fláccidamente sobre su estómago. Cecilia los condujo hacia la nueva habitación de la Comandante, que se ubicaría en el segundo piso de aquella mansión. Una vez ahí, La Fontaine removió el cuerpo de su paciente de aquella tabla, y lo depositó delicadamente sobre la cama. Cecilia, removió sus botas y acercó una toalla empapada en agua para limpiar el rostro polvoriento de la nueva huésped. Ese acto la llevò a comprobar que su hermana tenía fiebre. -Jacques, puedes ir por màs agua fria, por favor? -Si, madre. Estarè aquì enseguida. El mèdico se dispuso a abandonar la habitación...no sin antes indicarle a Nanny algunos detalles y medicamentos que tendrían en cuenta con Oscar. Mientras iba saliendo hacia el salòn principal, se topó con Jacques, quien envuelto en la angustia de perder a su heroína, preguntò: -Digame la verdad, Doctor... Ella va a estar bien, no es asì? Ella es inmortal... no puede morir! La Fontaine viò aquellos ojos azules brillando con una mezcla de admiración y preocupación, y no pudo evitar dar una pequeña carcajada... -Si, muchacho, ella estarà bien. Cuida de ella. Es fuerte, pero ahora necesita de un hombre a su lado. Creo que tú, aunque eres joven, serìas un buen guardián.- Dijo mofándose de la ingenuidad del muchacho. -De veras ella va a estar bien? No lo dice nada màs para no preocuparnos... -Por supuesto que no, descuida, ella aunque ahora està muy debil, no ha perdido todas sus fuerzas. Sé que es una mujer muy fuerte... ha dado pruebas de ello. El doctor hizo un ademán de despedida para Jacques y abandonó aquel recinto. Jacques se quedò un momento para ver al doctor marcharse. Mientras tanto, en la habitación de Oscar, Nanny y Cecilia, contemplaban a la pálida Oscar, quien respiraba dificultosamente. Estaba profundamente dormida, pero su respiración era tàn debil que podrían confundirla con un cadáver. -Mi pobre hermana... No puedo creer que estés aquí con nosotros. Es un milagro del Señor! Ambas mujeres removieron aquel uniforme polvoriento y lo remplazaron con un holgado camisón. Con un paño empapado de agua de rosas, la iban aseando todo el cuerpo. Cecilia observò lo delgada que se encontraba su Oscar... y en mas de una oportunidad oyò algunos gemidos por parte de esta, mientras el agua fria rozaba su piel caliente. Una vez concluida esa tarea, ambas mujeres se situaron al pie de la cama, y abrazadas empezaron a derramar làgrimas, un tanto mezcladas con alegria, un tanto mezcladas con dolor. -Cecilia, hija, mirala... Nuestra Rosa está tan débil. -Sí, Nanny... La Rosa de Versalles... Fin del 5º Capitulo.