THE ROSE OF VERSAILLES por Fátima Capítulo IV: El reencuentro. 19 de julio de 1789. Las calles parecían demasiado peligrosas para una niña sola... para una niña extranjera. La chica deambulaba sucia, con hambre, con frío, y por sobre todo, con una amarga tristeza en el alma... Sus entrañas clamaban por un mendrugo de pan, su piel por un abrigo y su corazón por algún alma caritativa que la auxiliase. -Damn, I recently had a friend, and now, this ridiculous revolution was taking him from me. Why the hell you and your friends saved me in my prison? Why I need to stay out of there? It was protect me for a long time ago, and I don't need this life out, because here, I have don't have a life neither. This city and its people, only thinking in killing themselves... -Luego la chica dejó de caminar... y recordó: -Damn! My friend... he needs some to eat, to drink... I don't know how he cans still be alive after the shoot on his back? I've to be hurry with him. Entonces la niña, salió de aquella calle principal por donde iba, e ingresó a un callejón oscuro, para luego de unos pasos, subir por unas escaleras de una antigua y descuidada pocilga que le habían rentado tras unas suplicas entre el idioma nacional y unas palabras en inglés a los dueños de la taberna. No tenía nada para llevarse a la boca, toda esa tarde se había pasado tratando de mendigar algo para su nuevo amigo... Amigo aquel que le había salvado la vida tras un derrumbe, amigo que había recibido un disparo en la espalda...amigo, que ahora yacía en una sucia cama de un sucio hostal, totalmente inconsciente, totalmente muerto. Cualquier alma lo pensaría, lo creería muerto, salvo aquella chiquilla, quien constantemente por largas horas iba rogándole a aquel uniformado que volviera a la vida, que con cada ruego impregnado de gruesas lágrimas y de purísima esperanza en el Dios Creador de que la única persona que arriesgo algo por ella, tendría que seguir con vida. Aquel cuartucho lo rentó hurgando de entre los bolsillos de André Grandier algo valioso. Ciertamente, luego de haberse entristecido tanto tras su "muerte" (cosa que ella no quería admitir) tomó un par de alianzas de oro purísimo y una de ellas, tenía un pequeño diamante incrustado. También tenía unas inscripciones en el lado interior del mismo: "Oscar Francois de Jarjayes, algún día tu amor será mío y este anillo estará en tus manos. Con Amor, A.G." A la chica le pareció bastante extraño el hecho de que las alianzas de matrimonio de "aquel" Oscar estaban entre la chaqueta de su protector, pero como la necesidad llamaba urgentemente, no tardó en decidirse mucho para arrancar aquel diamante y entregárselo como paga a la pareja de hosteleros, quienes complacidos aceptaron la joya a cambio de un mes de renta y dos raciones diarias de comida. Ración que ella generosamente cedería a su benefactor. Sin embargo, éste, seguía sin dar señales de vida. Su pulso era debilísimo, su tez era inmaculadamente pálida, y si bien la herida de bala, había parado de sangrar, la herida no lucía nada bien. La chica se quedó profundamente dormida sentada en una silla y recostada en la cama del enfermo. Sin embargo en aquella playa distante, se seguía respirando tanta paz... excepto por una alma que aún purgaba la angustia y la impotencia de querer volver. Dos personas se acercaban a lo lejos a la figura del buen André, quien absorto en sus pensamientos, solo se tomaba de las rodillas y con la mirada fija hacia el mar, dejaba caer lentamente un torrente de lágrimas por la tristeza que invadía su alma. -Tú crees que aún nos recuerde? -dijo una de esas personas a la otra. -Por supuesto, desde que estamos aquí siempre supimos que en el fondo de su corazón, aún nos mantenía vivos. -Oh...! él siempre fue tan sentimental... siempre tenía un buen sentimiento para el más pobre, para el más desdichado... -Por supuesto, querida... por algo es que vino a parar a este lugar. -Estás ansioso como yo, no es así? -Claro... es mi hijo, y me hubiera gustado decirle tantas cosas cuando era pequeño, y ahora, es todo un hombre... Tiene más edad que la que yo tenía al casarnos... -Pero dudo que tenga toda tu experiencia querido - dijo aquella mujer llevando una mano al rostro, para ocultar aquella pequeña risita que lanzó a su marido. Por supuesto que estamos hablando de los padres de André. Eran Tomás y Gabrielle Grandier. Los padres que nuestro protagonista perdió a los 5 años de edad en un accidente. Ellos eran una pareja de la burguesía. Tomás se dedicaba al comercio de granos y tenía una pequeña bodega en el centro de Paris que en sus comienzos, no le iba nada mal, conjuntamente con un socio, que al fallecer el padre de André, se quedó con todo el negocio, negándole la parte que le correspondía al pequeño huérfano. Su madre, era una mujer de cabellos castaños y ojos verdes profundos. Se dedicaba de lleno a su pequeño, y en sus ratos libres, se dedicaba a la poesía, a la escritura y al dibujo. Había dejado como recuerdo antes de morir, un retrato de familia, donde aparecía con su marido y su pequeño hijo en brazos. Aquel dibujo, era lo único que André había conservado como recuerdo de sus padres, claro, además de las historias que le contaba su abuela. Poco a poco, se iban acercando a su "pequeño". André sin embargo, no distinguía el sonido de las voces de sus padres de entre el oleaje y sus propios sollozos. -¿ André? - le llamó su madre. Esto provocó en el muchacho una sensación de completo desconcierto que recorrió todo su cuerpo erizándole la piel. -M..m..ma.. ma...madre? Ma mma dre eres tttttu? -¡Hijo mío! -P...p...pa...pa...padre? -Gabrielle, no recuerdo que nuestro hijo fuera tartamudo... -No digas eso! Acaso no te das cuenta de que está sorprendido? André seguía sin entender nada. Miraba boquiabierto y con los ojos demasiado abiertos que parecían salírsele de las orbitas. -¿Ustedes... aquí? -al fin se decidió a hablar. -Oye, hijo... y donde te pensabas nos volveríamos encontrar? -Ppppero eso significa que estoy completamente muerto? -Pues, si lo quieres poner de esa forma, si. Aunque aquí la palabra "muerto" no es utilizada para definir nuestro estado.-le contesto su madre con una mirada tierna en los ojos y acariciando los cabellos de su hijo. -Yo aun no estoy preparado para vivir aquí. Deje tantas cosas en la tierra, madre -Tampoco nosotros lo estábamos cuando nos ocurrió aquel accidente. Teníamos toda una vida para disfrutar de ti, hijo. -Madre... -unas lagrimas se asomaron en los ojos verdes de Andre. -Ya lo sabemos, hijo... Dejaste a aquella joven que tanto amaste desde siempre. -Justo cuando ella empezaba a amarme...madre. -Ella, a decir verdad... siempre te ha amado y nunca se lo admitió a si misma... -agregó Thomas. -QUE? -Si. Bueno, en verdad ha pensado fuertemente en ti desde hace unos cinco años...-culminó su padre. -CINCO AÑOS??? OSCAR??? -Si. La he estado vigilando desde hace tiempo. En verdad que ha estado luchando mucho contra si misma para admitírtelo. ¿Ya lo ha hecho? Esta pregunta hizo que André, pese a sus 35 años, se pusiera primero sonrojado, luego en un furioso púrpura... esa pregunta... de seguro que si la estaban vigilando a Oscar desde hace tiempo... aquella noche... la tuvieron que haber vigilado...¡Por Dios! "Son mis padres" pensaba el. -Ehhh... este... bueno... yo... -Mira Gabrielle... se ha vuelto nuevamente tartamudo! -La amas, verdad Andre? -Si madre. Mas que a mi propia vida. -Y por qué aun permaneces aquí? -Madre! Acaso yo podría ir en contra del Destino? No fui yo quien tiro del gatillo aquella mañana en la Bastilla! No fui yo quien decidió morir! -Pero eres tu solamente tu, el que decide si quiere seguir viviendo.- Hablo su madre. -Decídelo tu, hijo-repuso su padre. -Damos gracias al Señor por dejarnos verte una vez y hablar contigo. Esperamos que no vuelvas en mucho tiempo.-Gabrielle tomo de las manos de su hijo, lo abrazo y le dio un beso tierno en la mejilla. Su padre le dio un cálido abrazo y una palmada en un hombro y prosiguió: -Ve y se feliz, hijo. André se preguntaba el significado de aquellas palabras... cuando, una luz que provenía desde atrás de aquella escena, encegueció sus ojos y lo transporto fuera de esa playa, como a otra dimensión. Todo esto desesperaba a aquel joven de pelo negro. Luego una figura comenzó a formarse en medio de esa luz. Primero aquella silueta parecía de un hombre alto, mas bien, de un ángel con las alas extendidas y las palmas de las manos abiertas hacia el. André atonito contemplaba aquella situacion. -No temas Andre. Me conoces pero nunca me has visto. -Te conozco? No, no es cierto. -Mi voz es parecida a aquella que solías escuchar en silencio cuando no sabias a quien acudir. -Eres...? Mi conciencia? Mi angel guardian? -Si. Ante aquella respuesta, André solo podía quedar estupefacto. -Y qué quieres de mí? -Por ahora, solo quiero hablar contigo. Hace tanto tiempo que no lo hacemos. Hubo un momento de silencio entre ambos seres... y el olor a flores cada vez se sentía más fuerte, hasta que el soldado rompió ese silencio. -De qué podremos hablar tú y yo? Tenemos toda la eternidad para hacerlo - dijo en tono irónico. -Qué te parece si hablamos de Oscar, como antes lo haciamos... recuerdas las noches en que te dormías hablando de ella? -Oscar... -Dijo el joven mirando al suelo...-Oscar... ella posiblemente estará llevando una nueva vida, sin mi... Tal vez, encuentre a un hombre que la merezca màs que yo y le dè todo el amor que yo no tuve tiempo de darle. -No tuviste tiempo de darle? Vamos, André, ambos sabemos que cada dìa que pasabas en compañia de tu amiga, era una demostraciòn del inmenso amor que sentìas por ella... -Aun lo siento. -Lo sè... y cada noche... tú me preguntabas si algún dìa ella estaría entre tus brazos. Yo me sorprendìa de que existiendo toda clase de sentimientos e instintos humanos, tu necesidad fisica de ella, se limitaba a soñar con un abrazo suyo... -Y què mas podria pretender de mi ama? La quiero con un amor puro y limpio. No pretendo más... Siempre soñé con abrazarla y estrecharla contra mi pecho, con escuchar y sentir que me correspondiera... y sabes que màs de una vez, me sentì osado al pretender un beso de sus labios... -Si. - el angel se limitó a asentir con la cabeza. -Y aquella noche, tuve màs de lo que podía pretender en esta vida. -Cuantas noches, te abrazabas a tu almohada repitiendo que darìas la vida por uno de esos detalles de tu amada... -Y tuve màs de ella, ya sé, y por eso estoy ahora aqui. -No obstante, mi querido André... el propósito del Creador, si bien al principio fue de que permanecieras aquí, existe una regla que tú quebrantaste unos instantes antes de morir... -Quebranté? La figura señalò un punto en el espacio, y Andrè pudo divisar como en un espejo, los últimos acontecimientos que el recordaba en la tierra... La Bastilla, la gente, el humo y los cañones... todo, todo como si de verdad el estuviera ahì. -Que los civiles se mantengan alejados!- Oscar estaba nerviosa.- Jacob, ve con un grupo y formen una línea! Jacob! JACOB!!! -Jacob no está aquí, Oscar... probablemente se perdió entre la gente o esté con Alain. -Oh, mi Dios! -Mira, haré una cosa, comandaré a ese grupo para proteger a los civiles. Enseguida volveré al frente contigo. -No me dejes sola, André. -Volveré, te lo he dicho- Sonrió y en medio de aquel cuadro nefasto, le dio un dulce beso en los labios. - ES UNA PROMESA. NUNCA TE DEJARÈ SOLA -Ahora lo recuerdas? Has prometido volver. Esa es la regla que haz quebrantado, el nudo que dejaste sin atar... Tu existencia en la Tierra no ha terminado... Mientras Andrè escuchaba al Angel, una sensaciòn de alegria iba recorriendo su cuerpo. "Volver junto a Oscar"...pensaba. -Haz de volver. Tu estancia aquì, no corresponde aún. -Volver? -Sí. El Creador lo ha permitido. Dios, solo El, sabe porquè hace las cosas. André lucia completamente feliz. Pero, por unos instantes quedò pensativo... -Puedo pedir algo màs para mí? - Inquiriò temeroso el joven. -Depende de que sea, veremos si podemos hacer algo por ti. -No sé si será posible... pero quisiera regresar sin el problema de mis ojos. Especialmente, quisiera recuperar mi ojo izquierdo. Si voy a vivir con Oscar, quisiera ser alguien util para poder cuidarla y protegerla. -Oh! Tu siempre pensando en ella. Por supuesto que ese es un inconveniente que lo podemos solucionar. No te asustes cuando lo compruebes al despertar. -Despertar? -Si. Adios, André- Dijo el Angel, aproximandose a el hombre de cabellos oscuros, acerco una mano a su cabeza, y con sus dedos incorporeos hurgò entre sus cabellos, tocò las heridas de aquel ojo izquierdo y sonriò... -André, ve y sé feliz. Pronto el joven quedo atrapado de mucha luz, y sintió imperiosa necesidad de cerrar los ojos. Por algunos instantes sintiò mucha paz y tranquilidad... quedò dormido profundamente. Luego de unas horas de sueño, empezò a sentir dolor... cansancio, empezò a sentir como cada celula de su cuerpo iba volviendo a la vida, sintiò como en cada vena y cada arteria la sangre comenzaba su recorrido. Sintiò especialmete dolor en la espalda y en la cabeza. Aunque se diò cuenta de que concientemente estaba volviendo en sì, no podìa despertar aun... Se sentia muy fatigado. De pronto, algo le llamò la atenciòn... habìa un peso sobre su pecho, algo que lo estaba oprimiendo... sentìa la respiraciòn de otra persona sobre el. "Oscar" penso el... Entonces, tratò de abrir con mucho cuidado sus ojos... iba moviendo lentamente las pestañas, y por estas, iban calandose rayos de luz que herian sus ojos. El hombre lanzò un suspiro desde el fondo de su pecho, que la chiquilla despertó sobresaltada. Andrè percibiò que de sus ojos brotaba algun liquido, el pensò que eran lagrimas, y tan pronto como se llevò las manos a los ojos, pudo comprobar que de ellos brotaba sangre. Sangre oscura y espesa. El comprobò que podia ver con el ojo izquierdo. La chiquilla no podìa entender aquel espectaculo sanguinolento. Lo unico que atinò a hacer, fue acercarle un paño empapado en agua al hombre, quien sin preguntar nada, lo llevò instintivamente a los ojos. -Mis ojos: Puedo ver! De hecho lo empezò a hacer, pero borrosamente, mientras sentia que la sangre no paraba de brotar de sus corneas. El ojo derecho no tenìa màs complicaciones, pero, del izquierdo era como que existìa un coagulo obstaculizandole la vista. Con ayuda de sus dedos y el pañuelo, abriò ese ojo e introdujo cuidadosamente la punta de su indice entre los parpados, y ahì estaba: el ultimo coagulo de sangre que no terminaba de molestarle. Logrò con habilidad despojarse de el. Observò a su alrededor... y la viò alli, sentada junto a la cama, a la misma chiquilla que el habia salvado en la Bastilla. -Hola... -Animadamente emitiò sonido el hombre. -Hi, hola- dijo la pequeña sorprendida. -Tu eres aquella pequeña que estaba presa en la Bastilla. Te recuerdo de ahì. -Yes, Sir. -Hablas francès? -Preguntò Andrè quien menos mal, hablaba tambièn el idioma de las Islas Britànicas. -Yes, Sir. -Tú fuiste quien cuidò de mì este tiempo? -Yes, Sir. -Te estarè completamente agradecido... Eres un angel, pequeña, eres mi salvadora! Gracias a ti, estoy vivo. -Yes, Sir. -Solo sabes decir eso, pequeña? Te recuerdo màs salvaje en la Bastilla... -Yes, Sir. -A propòsito, cómo te llamas? -Well... I can't remember how exactly was my name... sorry, no puedo recordar exactamente cual fue mi nombre... hace tanto tiempo que abandonè Londres, es una historia larga. En la carcel, Señor, no teniamos nombres. -Pero algun nombre tienes que tener... -Bueno, en realidad, sì, por mi nombre y mis creencias, es que fui apresada en la Bastilla. Me llamo Tiffany, Tiffany Meredith...soy de Inglaterra. -Muy bien Tiffany, es un lindo nombre, lo sabes? Tiffany. Desde ahora seràs mi Lady Tiffany. Te gusta como suena? -Lady? Yo Lady? Creo que suena un poco pretencioso para alguien que estuvo encerrada en prision, Señor. -Dime Tiffany, cuantos años tienes? -Tengo 15 años Señor... -¡15 años! - No los aparentas... pensé que tenìas 12 o 10! Es que eres tan pequeña... -Lo sè, Señor... -Bueno, mi nombre es Andrè, ya no me digas "Señor". Soy simplemente Andrè, Andrè Grandier. Y sabes? Tengo 35 años... Podrìa ser tu padre... -Vos tampoco aparentais la edad que decìs, Señor...-LA niña no pudo evitar sonrojarse y llevar una mano al rostro para tapar aquella risita que se le escapaba. Andrè de buena manera estaba muy agradecido con el Cielo por permitirle volver a la vida... estaba muy entusiasmado escuchando las historias de su nueva amiga, pero, en el fondo de su corazòn un sentimiento empezò a formarse y tenìa forma de mujer : "Oscar" -Señor André: tengo que comunicaros algo grave que tuve que hacer para rentar este cuarto. -Dijo Tiffany algo avergonzada.-Hurguè entre vuestras pertenencias, y encontrè unas alianzas que me parecen eran de su hermano o amigo, Oscar... y tuve el atrevimiento de tomar el pequeño diamante y entregarselo a la hostelera por un poco de comida y este cuarto. Espero que sepais comprender. -Niña... te estoy muy agradecido... màs no podria estarlo contigo, y mira, si tomaste los anillos, por salvar mi vida, te felicito por lo valiente que eres... no te preocupes por ellos... Oscar lo entenderá. -Oscar... ese nombre lo habìais repetido muchas veces en vuestros delirios, Señor... si no es mucha indiscreciòn: ¿Quien es? -Pues, no te asustes, pero Oscar es mi esposa. -Oscar es un hombre Señor? -No, te explicarè, Oscar es una mujer, pero su padre la crio como varon. Entiendes? Yo era su sirviente y ella era una noble. Fuimos amigos por muchos años, por casi treinta años. Hasta que hace unos dìas, nos hicimos marido y mujer. -Oscar...-repetìa la niña. - Ella es vuestra esposa entonces? Y donde està? Andrè suspirò... -Eso, niña, es lo que quisiera saber ahora mismo... -Allain de Soisson no fue participe directo de la resurrección de Oscar, pero si sospechaba algo al escuchar susurrar algunas palabras a la Nana, la abuela de André con el Dr. Aquel hombre que no pasaba de los 38 años, y habia puesto mucho interes en proporcionar él mismo los cuidados a la General, "como si yo no supiera que ella era una mujer" pensaba Allain. Todos lloraron aquella muerte injusta de la Lider Noble que tuvieron en el Regimiento B, pero aquellas palabras "no te preocupes, hijo, ella solo está durmiendo profundamente, pronto irá a Chalons junto a su hermana" -dichas por la anciana, en un pasillo oscuro de las barracas, cuando él sintió que el mundo se derrumbaba sobre él por no haber siquiera podido salvar a la mujer de su mejor amigo... Nunca más vio a aquella anciana, pero aquel recuerdo le llenaba ahora mismo de muchas esperanzas, "algún día la volveré a ver" se decia. En esos instantes lo que más le preocupaba era el destino del cuerpo de André. Con respecto a este último, no tenía las mismas esperanzas de encontrarlo con vida como si a su mujer, habia algo que le angustiaba, que era que un cuerpo no podia desaparecer asi porque si en medio de una revolución. Ya hacían 5días de la caida de la Bastilla, y sin embargo, tras haber derrumbado todos los muros, no hubo más cuerpos perdidos ni en las prisiones, ni en ningún aposento de aquel viejo edificio. Sin embargo, en aquella escena en que Oscar perdió la cordura al comprender la muerte de su marido, habían rastros de sangre, como si alguien hubiera arrastrado el cuerpo... "Como si hubieran arrastrado su cuerpo"... ¡Eso es! -pensó- Además hubo muchas de esas manchas en los muros de la Bastilla... por las calles... ¡Soisson, eres un idiota! Siempre tuviste toda la evidencia frente a tus ojos y no la viste!!! - continuaba recriminándose. Pronto apuró sus pasos para dirigirse hacia los últimos rastros de sangre que había visto... aún recordaba el lugar, era solo cuestión de seguir aquel rastro... Pero, sus esperanzas se diluyeron como los rastros de aquella sangre bajo una fuerte lluvia veraniega que había caido aquella madrugada. Se situó en la entrada de uno de los barrios más pobres de París, que fue donde por última vez vio unas gotas de sangre en el piso, pero gracias a esa lluvia, hasta esas gotas habían desaparecido. -"No importa, es cuestión de indagar" -se dijo en voz alta- "No es cosa fácil esconder un cuerpo como el de André. Era un soldado de la Revolución, cualquiera lo tuvo que haber visto" Pero pronto se dio cuenta de que no todo sería muy fácil. Preguntó a algunos mercaderes, a la gente que trataba de rehacer su vida tras aquellos acontecimientos, fría de querer hablar con cualquiera que portara algún uniforme, y Soisson lo hacia. Mucha gente estaba temerosa, porque París se encontraba aun sedienta de sangre, los nobles huían despavoridos de toda Francia, la psicosis se había apoderado de aquella Ciudad muchas veces llamada "Luz"... Nadie quería ser noble, y mucha gente no quería ser más pobre. Si bien para muchas personas, todo había terminado, todavía había gente con hambre en las calles, todavía habían asesinos realizando sus peores fechorías, todavía morían personas de frío, de sed y de hambre...Para aquellas personas, la historia aún estaba en sus comienzos. Esto era algo que atormentaba a aquel hombre uniformado... quien decidió averiguar siquiera algún comentario en una taberna que vio al final de una calle. -Bounjour, Madame. -Bounjour, Monsieur. Qué os puedo servir? -Vino, por ahora esta bien. -Ya vuelvo. Tras aquella barra, estaba aquella dueña de la taberna, una mujer que pasaba tal vez los 45 años, vestida con harapos, sudando tal vez de tanto trabajo. "Tal vez ella pueda saber algo" se dijo a si mismo en voz baja. Mientras él bebía de aquel vino viejo, observaba como una chiquilla bajaba de unas escaleras con un plato vacio. "Aquel rostro... juraria que ya lo he visto"-Pensó Allain al ver a Lady Tiffany. La muchacha no lo vio, porque ella ingreso detrás de la barra, y se acercó silenciosa hasta aquella hostelera que se encontraba calentando alguna comida en unas grandes ollas y cacerolas. -Como amaneció hoy tu amigo, muchacha?-preguntó la mujer mayor. -Muy bien señora, gracias. Sabe? Hoy recuperó la conciencia.-dijo aquella muchacha con un dejo de inocencia en sus ojos grises. -No me digas, niña!!! No sabes lo bien que me hace escuchar eso. Aquel hombre, estaba al borde de la muerte, yo no daba más esperanzas por su recuperación. De no ser por el brillante con que me pagaste, mi marido ya te hubiera corrido de aquí. -Ya lo se, señora. No le caigo bien a el, verdad? -No te preocupes hija, mientras yo esté de tu lado, el no podrá hacerte daño alguno. Y dime? Ya sabes quien es tu amigo? Tiene familiares, amigos, alguien que podrá velar por el, mientras se recupere? -No estoy segura, hasta ahora solo habla de que debe encontrar a su mujer, pero, extrañamente, él habla de un hombre como si fuera su mujer... yo no lo entiendo bien aun señora. -No te preocupes, hija. Lo más probable es que aún no se haya recuperado del todo, y habla cosas sin sentido. Toma, ve y sube con esta comida hasta donde él se encuentra.-dijo aquella mujer sirviéndole un plato de sopa. La chiquilla tomó aquel plato, y con sumo cuidado subió hasta aquel cuartucho. Alain escuchó toda aquella conversación...cada palabra, una a una. Y todas sus dudas se disiparon por completo. Aquella niña, fue la figura que vio fuera de contexto aquel 14 de julio en la Bastilla, cuando sus compañeros se encontraban muertos por los perros de la Guardia Real. Aquel amigo inconsciente debía obligatoriamente ser Grandier, más todavía si hablaba de una mujer con nombre de hombre... ¿Quién otro podría estar al borde de la muerte y despertar llamando a su mujer "Oscar"? Solo el. Entonces, decidido a revelar ante sus ojos toda la verdad, se incorporó y se dirigió nuevamente hasta la barra. -Disculpe, Madame-dijo en tono amable -Si, Monsieur? Desea algo más? -Pues... puede servirme otra copa de vino... aquí en la barra? -Si, como no... Alain fijo los ojos a las escaleras, por si aquella niña bajara nuevamente. La mujer le acercó la copa, y Allain exhibió cinco monedas de oro. En aquellos tiempos, con esta suma, cualquiera se podía comprar comida para toda una semana. -Señora, quisiera pagarle por las copas de vino, y... sin que se ofenda, quisiera que me brindase información. Al comienzo, la mujer se sintió intimidada por las palabras del soldado, pero al empezar a relatar la historia, no tuvo mas remedio que oírlo y aceptar la paga. -Mire, soy soldado de la Revolución, e integraba hasta hace dos dias, el Regimiento B de la Milicia Urbana. Estuve en la caida de la Bastilla, y muchos de mis compañeros fueron muertos por soldados de la nobleza. No quiero asustarla con esto, pero tengo imperiosa necesidad de encontrarme con un compañero, que según oí lo que ud. conversó con aquella pequeña, un soldado de mi regimiento se encuentra en uno de sus cuartos. La mujer permaneció muda por esos instantes. -Mire, ud. puede distinguir si uno de sus huéspedes porta un uniforme igual al mio? -S...s...si, existe uno.-dijo al fin. -Señora, por favor, ud. me puede conducir hasta el cuarto donde el se encuentra? -Se que esa niña se enojará conmigo, pero creo que ud. podrá hacerse cargo de ese buen hombre que está alli.-dijo despojándose de su delantal y dirigiéndose fuera de la barra. -Y dígame, puede ud. describirme la situación de mi amigo? -Yo solo lo vi cuando ingreso y ayer cuando aun estaba totalmente inconciente. Yo no queria decirle a la niña, pero ese hombre estaba completamente muerto. Pero, recien como escuchasteis, la muchacha me conto que ya desperto y se encuentra bien. Le tuve tanta lástima, ese hombre si que era apuesto y debio haber sido una buenísima persona!!! - dijo llevando una mano a su rostro y sonrojándose con este ultimo comentario. A Allain le surgio una gotita. Subieron las escaleras y ella llamó a la puerta. -Muchacha... puedo pasar?-preguntó. -Si, Madame, adelante. El cuadro que divisó Allain era como un sueño. La niña estaba sentada junto a la cama ayudando a su amigo a tomar de aquella sopa humeante, André se hallaba recostado sobre un sin fin de harapos que hacían de almohadas, con vendas alrededor del tórax. -André!!!!-Dijo Allain... -A...a...Allain...tu? -André Grandier... Al fin!!! -Señor, quien es ud? -inquirió la pequeña. -Bendita seas niña, Bendita! Este es mi hermano Andre Grandier!!! -Su hermano??? -Bueno, -dijo Alain llevando una mano tras la nuca- hermano de sangre no lo somos, pero si somos mejores amigos. -Alain... y Oscar??? - Dijo André tratando de incorporarse... -No quiero ilusionarte. - El sargento bajó la mirada. -Que fue de Oscar??? Dimelo Soisson! -Bueno, no quisiera que esto afecte a tu recuperación. -No juegues conmigo, sé que ella esta viva, en algun lugar. QUE FUE DE ELLA? -Mira... yo que tu, no estaria muy seguro, mira, se que esto es muy duro para ti, pero, tengo que decirte la verdad. Cuando le conté que tu estabas muerto, ella comenzo a buscarte dentro de la Bastilla, y lo que se encontro fue a la misma muerte de la mano de sus ex soldados de la Guardia Real. Uno solo le propino tres balazos, y cuando la llevamos junto al doctor, hubo hombres que nos siguieron disparando, muchos soldados dieron su vida en el trayecto, pero igual, muchas de esas balas impactaron en su cuerpo. -Pobrecita. Pobre de mi Oscar... y yo no estuve ahí para salvarla... -André... Tu estabas luchando por vivir tambien...-dijo con una tenue vocecita la pequeña Lady Tiffany -Ella me necesitaba, y sin embargo, no me dijo nada de eso allá...- André desvió la mirada hacia el techo, como queriendo ver el firmamento. -De qué hablas Grandier?- Un gran signo de interrogación surgió en la frente de Allain. -De nada, Alain, solo yo me entiendo. -Pero, dejame decirte algo, que tal vez te ayude a recuperarte.-Habla.- Las esmeraldas de los ojos de Andre centelleaban expectantes. -Una de esas noches, en las barracas, habiamos llevado los cuerpos de todos los caidos en la lucha, y entre ellos estaba el de ella. Hubiera jurado que ella tambien estaba muerta... sus heridas fueron muy profundas. Mandé a llamar a tu abuela, quien afligida por tu muerte, fue hasta las barracas para hacerse cargo de su niña... y cuando yo estaba aguardando por ella para acompañarla hasta la mansión Jarjayes, me sorprendieron sus palabras, que sonaron a algo asi como que Oscar estaba solamente profundamente dormida, y que esa misma noche partiria para Chalons, junto a su hermana... no entendi muy bien... -Chalons? Dijiste Chalons? -Si... acaso tiene algun familiar enterrado ahi ? -No... su hermana Cecilia, Cecilia vive alli!!! -Y por qué la enterrarían ahí? -No entiendes amigo, estoy seguro de que ella no está muerta. Estoy seguro de eso. Lo estoy. -Veo mucha confianza en tu expresión. Tal vez eso no haya querido decirme tu abuela... -Créeme por favor, ella está viva. El Sargento De Soisson suspiró hondamente tras escuchar las palabras de su amigo. Él ni siquiera estaba del todo sano (y tal vez, cuerdo) y solo se preocupaba por su amada... ni siquiera guardaba un solo esfuerzo para su recuperación... y ya divagaba... ¡"Oh... que grande es el amor"! Nos hiere, nos lastima, nos hace llorar, y luego, en un solo paso, nos hace ser completamente felices, sentimos que alcanzamos la gloria, lo tenemos todo... y luego, otra vez, en un abrir y cerrar de ojos, nos hace perderlo todo, casi hasta la vida... y solo, la esperanza de seguir viviendo en ese idilio, nos hace pegar un salto al mismo cielo... Definitivamente, somos muchos quienes siempre hemos subestimado el poder del Amor..." - Soisson cerro sus pensamientos. -Mira, compañero - dijo Allain - tú no estás aún en condiciones de ir a buscar a la Comandante, pero, yo si... solo dame la dirección y la hago venir junto a ti... Te parece? -Allain, siempre has sido un buen amigo, sé que si vas, volverás con ella, sin pérdida de tiempo. Te conozco, y en tu mirada puedo ver que piensas que estoy loco por aferrarme a la idea de que Oscar aun siga viva... pero, créeme, lo está. -Si tú lo afirmas con vehemencia, si, bueno, que más te puedo decir?, qué mas podría hacer...? solo ofrecerte mi ayuda. -Allain, vé por favor. Dime cuando partirás, y solo viviré contando los días hasta que vuelvas con ella. Ella siempre ha sido mi luz, y ahora, que no la tengo, me siento sumido en la completa oscuridad. -Como siempre, tus versos románticos, tu fantasía idílica... -Haciendo un gesto con las manos- dime... -dijo luego, acercándose a André, y susurrando - no me contaste lo que pasó para que de un día a otro, Oscar y tu... ya sabes... se juren amor eterno... André se puso como siempre, rojo como una manzana... Aquella palidez sepulcral, habia desaparecido de sus mejillas con aquella frase de su mejor amigo. -Eeee... mira, Allain, eso no es algo que te lo pueda contar en este momento... -Ah... claro, tenemos dos damas aquí. Más tarde lo haremos, verdad? -Como quieras, mas déjame presentarte con estas personas: Lady Tiffany, este es mi mejor amigo, Allain Soisson, Sargento del Regimiento B, al cual pertenecimos. Allain, esta señorita, es Lady Tiffany Meredith, mi salvadora, pero le acortaré su nombre llamándola Lady Tiffy... es más dulce asi, no? -Un honor, Milady.- André evocó una reverencia hacia la muchacha. -Igualmente, Sir.- Respondió la niña Entonces, la hostelera que aun se encontraba en el cuarto, decidió dar un paso al frente, y dijo: -Me disculpan, yo no me he presentado, soy Anne Savorgnan... y mi marido es el dueño de este inquilinato.