THE ROSE OF VERSAILLES por Fátima Capítulo III: Viva otra vez. ¿Quién eres tú? Abrió y cerró repetidas veces, por algunos rayos de sol que lastimaban sus enrojecidos ojos. - Oh, Dios - Se lamentó. Sintió su cuerpo como un todo completamente lleno de dolor, ni siquiera podía distinguir un solo miembro, solo aquella otra nube de agonía amenazaba con recargar ese dolor. Tenía en todo el cuerpo ligeras heridas, pero ellas eran eclipsadas por un extremo dolor a su izquierda, bajo el cuello, paralelo a su espalda. Ella trató de moverse, pero solo al hacer un ligero movimiento, una ardiente tortura desde ese lugar del cuerpo la hizo dar un pequeño grito ahogado y sintió nuevamente un maldito dolor de cabeza. - "La bella durmiente ha despertado" - esa era una voz calmada totalmente extraña para la Comandante. Con increíble cuidado, Oscar inclinó la cabeza ligeramente. Una sacudida del carruaje en el que iba, le trajo una refrescante brisa de angustia, no obstante, ella fue forzada a mirar nuevamente solo el techo de ese carruaje. Unas amables manos acariciaron su cabeza y cuidadosamente, la hicieron volverse a esa persona. Todo lo vio borroso, lentamente, ella reconoció ese rostro en el doctor de París que estuvo a su lado cuando... ------------------Inicio del flash back------------------ La Bastilla. Ella tenía que comandar a sus hombres, Eso fue lo que André hubiera querido y ella deseó hacerle sentir orgulloso si el mirara desde el paraíso como ganaba esa batalla. Reuniendo todo su coraje, tanto como sus fuerzas se lo permitieran, un último torrente de lágrimas brotaron turbulentamente. Una gran alegría, barrida por sus hombres, que apuntando con los cañones, con una gran y ardiente sed de sangre, brilló en su corazón. Con cada grito de "¡Fuego!", una y otra pieza de los muros eran derrumbadas. Quedó cegada por todo ese ambiente, solo una pequeñísima parte de su visión le recordó lo ofuscada que estaba, por no haber destruido al hombre que asesino a su amado, recordó a aquel hombre que burlándose de su desgracia, le disparó varios tiros para liquidarla. Vagamente recordaba como Allain gritaba, luego la cubrieron hasta llegar con ella en aquel callejón, donde yacía cubierta con una manta, pero... - Por qué no escucho a la gente venciendo, tomando la Bastilla? Por qué se detuvieron? ¡Fuego! ¡Sigan disparando!... Y... André? Donde esta mi marido? André...!!! - pensaba para si. Estuvo vagamente consciente del doctor, de Rosalie y de Bernard reunidos alrededor de ella. Sus ojos divisaron una paloma blanca volando en el cielo azul, y ella deseaba tanto con todo su corazón volver a ver a André de nuevo, había recordado las palabras de Allain, cuando le dijo que André había sido muerto por aquellos soldados... recordó que aquel bastardo se burlaba de su desgracia... ¡maldito! Pensaba... y con cada pensamiento iba derramando mas y más lagrimas, por aquella pérdida... las heridas ya poco importaban... es mas, "pronto me llevarán hasta ti" se decía en su propia mente... Pronto, una sensación de angustia e incertidumbre empezarían a recorrer su cuerpo. Sus fuerzas aun luchaban por seguir viviendo, pero, un frio sepulcral subió repentinamente desde sus pies, y al llegar hasta su conciencia, solo le dio una resignada paz... Rendida, ya no pudo mantener sus ojos abiertos y con lo que le quedaba de fuerzas, solo alcanzó a suspirar un leve "Adieu" para por fin reposar. Quienes o qué paso luego de eso, ella ya no estaba segura de poder recordar. ----------Fin del flash back---------- Luego el sueño, Aquel maravilloso e impresionante sueño. Ella aun podia sentir el olor del mar con su aire salino, sentia aun el calor de André detrás de ella, alrededor de ella. Lagrimas de amarga tristeza brotaron en sus ojos en forma de un torrente imposible de detenerlas hasta llegar a su pecho. "Si lo encontré en el paraíso, es porque esta muerto" - pensó tristemente Oscar. El doctor que estaba sentado detrás del asiento opuesto del carruaje, ajusto sus lentes y dijo: - Aunque ahora no te sientas bien, tengo que decirte que eres una mujer de muchísima suerte, Oscar Francois. En eso, ella se dio cuenta de que una pieza de madera enchapada se erguía para mantenerla quieta y prevenía que ella pudiera caerse del asiento. Estaba inmovilizada desde el cuello para abajo con un enmarañado de vendajes y tablillas, salvo su brazo derecho. Con extremo cuidado, paso esa mano por su frente para encontrar ahí, otro vendaje alrededor de su cabeza. - Tuviste la suerte del mismísimo demonio con esas balas. Muchas de ellas solo te rozaron, excepto una, que toco una buena parte de tu cuero cabelludo, y otra unica que tuvo que haberte asesinado. Los brillantes ojos azules de Oscar se abrieron ampliamente: - QUE!!!??? Balas? Qué balas? Acaso no fueron solo las que Gerard... - Gerard? Hmmm... ciertamente... cuando te trajeron hasta mi, hubo como tres balas que estaban profundamente incrustadas en tu cuerpo...pero, minutos antes, tus hombres, arriesgaron el todo por el todo para salvarte. La gente disparaba por doquier y desde lo alto de las torres, otro grupo de la Guardia Real, o lo que quedó de ella, ellos también descargaban sus armas contra la gente. Tus hombres se abrieron paso ante aquella lluvia de proyectiles, tratando de cubrir tu cuerpo, aún a costa de sus propias vidas... pero, no lo lograron del todo... bah! Como te lo dije, muchas de esas balas solo te rozaron... - No lo recuerdo, absolutamente... ¿por cuánto tiempo he estado inconsciente? ¿Cómo es posible que haya sobrevivido? - Yo también estuve shokeado! Viendo esos grandes agujeros en tu uniforme, estaba seguro de que estabas muerta, pero me sorprendí de que solo dormías inconscientemente. No fue sino hasta que fui a prepararte para tu sepelio, que conocí tu secreto. Por alguna razón, tus globos oculares no se aplanaban como los cadáveres, lo cual me hizo sospechar de que tenia que chequearte de nuevo. Lo primero que sentí fue tu débil pulso, y luego probé tu respiración contra un espejo y allí estabas!... comprendí que estabas viva. Fui capaz de oír los latidos de tu corazón en una arteria de tu cuello, débiles, pero aun presentes. Allí fue cuando encontré una ayuda que para disponerme a hacer todo esto.-dijo el hombre conduciendo el carruaje. De hecho, ellos estaban viajando velozmente y en medio de aquellos abrumados pensamientos, Oscar pregunto: - A donde vamos? - Al pueblo de Chalons, -el caballero repuso- Hablé con tu Nana y me dijo que tienes una hermana ahí. Una hermana? Con un pequeño esfuerzo, recordó los rostros de sus cinco hermanas a pesar de una que presión crecía dentro de su mente mientras trataba de hacerlo. Aquel dolor de cabeza era imposible evitarlo. - Ah! Cecilia,- repuso ella. Cecilia era su hermana del "medio" como le decía ella, la tercera de en la línea de las hijas Jarjayes. Seis años mayor que Oscar, se había casado con un razonable y rico mercader quien negociaba simultáneamente entre Paris y Caláis. Su incontable riqueza compró la aprobación del Rey y hasta de su propio padre, y lo lejano que Oscar recordaba era que su hermana vivía en paz y completa felicidad. - Esos dos son los únicos que yo sepa están enterados de que aun vives. Conocí a tu Nany cuando ella me siguió al escuchar donde y cuando te "moriste". El doctor rió levemente para si- Ahí fue cuando le explique que tu no estabas en una tumba aun. ¡Deberías de agradecerle cuando la vieras de nuevo por la ayuda y disposición que me prestó en todo esto! - le dijo a Oscar con unas chispas en sus ojos. Oscar se permitió una ligera sonrisa, luego se volvió seriamente: - Puedo preguntarte acerca de la bala que debió acabar con mi vida? - Perdóname por salirme del tema.- se disculpo el galeno- Probablemente puedas guardar esto como un pequeño "souvenir" si quieres - De un pequeño saco de cuero a su lado, el hombre, sacó algo envuelto en un pañuelo. Era algo como un trozo de metal alargado como el fondo de una taza de te, adornado en un lazo azul. Era de plata y fue forjado en forma de una cruz cuadrada, pero con una terminación de cada brazo en forma de dos perfectos puntos. El centro, tenia desgarrado algo como de media pulgada de tamaño. El médico, dio vuelta aquello y con los dedos iba rozando las aristas plateadas. En el centro, opuesto al agujero hecho por la bala, estaba apenas incrustada la piedra de rubí que adornaba todo el centro de lo que parecía ser una medalla. - Mi medalla de Saint-Louis! -murmuró la mujer. En efecto, se trataba de aquella medalla que siempre la acompañaba con su uniforme, heredada por su padre desde que tenia 14 años el dia que asumiría el puesto de Comandante de la Guardia Real Francesa. Esa era una joya que acompañó a su familia como una distinción de lo cercanos que eran los Jarjayes de los Borbones. Específicamente, desde que el abuelo de su padre fue guardaespaldas del primer Rey Borbón. El doctor hizo un movimiento con la cabeza, y examinó aquella pieza metálica. - No sé cómo explicar que esto haya detenido el impacto de la bala... - dijo el médico con real confusión. - Es de hierro. Toda la base es de hierro - repuso Oscar aún débil. - Claro, esto lo explica todo, como siempre, como símbolo de distinción, la medalla de San Louis, debe ser exhibida en el uniforme de un noble... Oscar percibió el tono cuidadosamente neutro que utilizó el doctor al mencionar la palabra "noble" . - Está bien, Monsieur. Ud. Puede expresarse como lo desee acerca de la nobleza. Puede que yo haya nacido en esa sociedad, pero la forma que esa gente tiene de pensar, de actuar y de gobernar no hacen que sean mejores, a mi parecer, que la gente del Común, sino mas bien son personas oscuras y frívolas. De repente, una tos la agitó demasiado, y rasgó su garganta. El médico se apresuró y la auxilió llevándole su pañuelo a los labios y sujetándola desde la cabeza. Cuando hubo pasado el momento de agitación, la chica trató de hablar con todas sus fuerzas, pero su garganta herida estaba demasiado seca. - A propósito, Madmoiselle, permítame presentarme, mi nombre es Pierre La Fontaine,-le dijo cálidamente el doctor, retirando de los labios de la mujer rubia su pañuelo.- Pareciera como que estais tosiendo menos sangre ahora. Veo que es roja, lo cual indica una leve mejoría en vuestra salud, debido a que la roja significa menos daño que la sangre negra. El doctor hurgó entre sus cosas y tomó de un maletín extraño una pequeña botella con un líquido adentro. Se lo pasó inmediatamente a Oscar y apoyó el borde de aquel envase a sus labios secos. - No os preocupéis, es solo agua. Pronto, Oscar descubrió que aquello había abierto su garganta y entonces, solo pudo hablar otra vez apenas estas palabras: - Gracias, M. La Fontaine, Gracias. -susurró roncamente. El galeno sonrió - De nada. Ahora, permitidme haceros un trato. Yo me encargaré de todo aquello concerniente a vuestra recuperación y Vos prometedme que me relatareis con lujo de detalles como esta insignia pudo fijarse en su cuerpo con un trozo de chaqueta y todo. - Trato hecho. - Está bien. Tengo que deciros que además de las heridas que hay en vuestro cuerpo, también puede existir una conmoción cerebral debido a la bala que rozó vuestra cabeza. Sumando a que por conseguir solo un roce en la cabeza, esto le salvó la vida, claro, aparte de vuestra medalla... aunque también hubo una fractura en los huesos, en la clavicula. Imagínese, que tan grande fue algún golpe que recibisteis que os tuve que colocar en su lugar ese hueso mientras estabais inconsciente, ya está en su lugar como os dije, pero, eso le dolerá considerablemente por un mes o dos.- luego el tomó una respiración profunda para continuar con la charla- sin embargo, lo que me preocupa es vuestra tuberculosis. Oscar apretó los labios, y con voz entre cortada dijo: - El doctor que atiende a mi familia, me dijo que me quedaban como seis meses de vida. - Por supuesto, de haber recibido los cuidados de un enfermo terminal, de haber reposado y no haber realizado las proezas de las que me han hablado, así le hubieran quedado esos seis meses... aunque, aún estoy sorprendido de que vos sigáis con vida... cualquier mujer ya hubiera sucumbido ante este mal, pero no sé con precisión si este milagro se debe a vuestra constitución o vuestras ganas de vivir. Oscar solo pensó: "Os aseguraría que querría estar muerta". - Pero, lo siguiente, como doctor que podría recomendaros, es completa relajación, suficiente líquido, frutas y verduras, para limpiar vuestro cuerpo, vitaminas para fortaleceros, y os aseguro que fácilmente venceremos a esta enfermedad, y alcanzaréis los 100 años! Oscar dio una risita débil tosiendo: No lo permita Dios! Ya he causado bastantes problemas! El doctor continuo: - Alejaros de Paris y de los problemas de Versalles es la mejor cura para vuestro organismo. La tuberculosis es causada por bacterias y esos organismos se multiplican en cuartos cerrados, sucios y húmedos... El aire de Chalons, os hará bien. Oscar quedó meditando las palabras del doctor. "Vivir 100 años... yo, viva? La expresión en el rostro de la comandante cambió de repente, una sombra negra se posaba en sus ojos azules... el vacío inundó su corazon- "De hecho, por qué debería vivir yo? No existe más nada para mí, qué más podría hacer, que fin tendrá de ahora en mas mi vida?... mis dias como militar han terminado... y él... André... tu, ya no estarás nunca más conmigo... - Lady, - el médico cortó aquellos pensamientos - Teneis mucho porqué vivir... la Bastilla ha sido tomada gracias a vuestros esfuerzos, y gracias a ello, una nueva era está iniciándose en nuestra amada Francia... aunque por ahora no podreis participar como militar en la revolución, sé que Mr. Chatelet es discípulo de Robespierre, y tal vez, él como amigo vuestro, os integraría a algún otro grupo; pero hablamos de un tiempo prudencial hasta que vos os recuperéis por completo. - El médico hizo una pausa - En cuanto a su querido... - Lafontaine, bajó la cabeza- Sabeis de quien os hablo... si bien no se ha encontrado pista alguna de que esté con vida, no perdáis las esperanzas... Dios trabaja de maneras misteriosas, aunque vuestra fe pertenezca a cualquier religión.