THE ROSE OF VERSAILLES por Fátima Capítulo II: Estar contigo, es un sueño. En una gran playa, el viento resoplaba, llevando un suave perfume a flores, a rosas, la temperatura era agradable, y el sol era tibio como en las mañanas de primavera. Primavera, aquel lugar se encendía en una hermosa primavera. El mar, un azul, hermoso y profundo mar traía con sus olas un suave y cálido murmullo evocando en conjunto con aquel paisaje una paz indescriptible. A lo lejos, un hombre se encontraba sentado en la arena blanca con los pies descalzos remojándose con el agua, las manos apoyadas de lleno en esa arena, y con el rostro hacia el mar, dejando al viento jugar con su oscura melena. Respiraba profundamente cada tanto, como queriendo absorber con la fuerza de sus pulmones aquella vida que percibía en ese lugar. En sus ojos de verdes espejos, había un brillo vibrando, como a la espera de algún acontecimiento. Él hubo llegado apenas unas horas antes y decidió quedarse a esperar como a alguien: -"Vendrás"- decía en un susurro- "Vendrás y te estaré esperando, no importa cuanto tiempo pase, se que estarás aquí buscándome" El hombre traía una camisa y pantalones holgados, de color blanco marfil, de textura suave, que dejaba entrever su torso masculino a medias. Usaba unas sandalias de cuero suave que había dejado a un lado. Una brisa extraña rodeó aquel lugar, de pronto, el sonido de las olas dejó de escucharse, para dar paso a unas voces femeninas unidas por una extraña pero armoniosa canción. El aire olía más y más a flores y el sol extrañamente tenia un halo de luz rodeándolo. -Pensé que serías la próxima. - se dijo a sí mismo, mientras sentía surgir de aquellas aguas el alma pequeña de una niñita, una bebita que venía en un moisés color rosa claro según él vio. El hombre sintió deseos de ir a mirar a la pequeña, pero pronto un ángel apareció desde el cielo, y la tomó entre sus manos, y la rodeó en sus alas. -Quieres verla? - le preguntó aquel ser divino -¿...?- su asombro era notorio. El ángel se acercó hasta el y le dijo enseñándole aquella niña que tiernamente se encontraba adormecida. Percibió que otra alma salía del mar, y volvió a escuchar aquel coro femenino, pero, quedó embelesado con la ternura que le producía aquel ser pequeñito. -Ella, iba a ser tuya -le dijo el serafín. -QUE!? -Ella, fue concebida por ti en la tierra, y hoy, volvió a donde pertenecía. Todavía no era su tiempo para nacer en aquel mundo aún lleno de injusticias. Su alma es demasiado pura como para lidiar con los malos sentimientos que pueblan ese lugar. Él será Quien defina el tiempo y el lugar correcto donde ella ha de crecer. -E...ella es mi hija?-Preguntó con los ojos bien abiertos contemplando mejor a aquella pequeña-Tiene el pelo oscuro como yo... y la piel blanca como la de su madre...-susurró para si. -Y los ojos son azules como los de ella.-acabó aquella frase del hombre. -P..p..pero como lo sabes si está dormida? -Yo la conozco desde antes de que ella nazca, y también sé que el último día en que estuvo aquí, la despedí y tenía una hermosa sonrisa pintada en estos pequeños labios. Su diminuta alma temblaba como hoja agitada de la emoción que sentía por bajar a la tierra. El hombre lo escuchaba con mucha atención, y entonces, el ser alado prosiguió con su explicación: -Pero Él le había advertido que su estancia sería demasiado breve, apenas unas horas, si ella no cumplía con su misión. -Misión? Y cual habría sido su misión? -Darle las fuerzas necesarias a su madre para seguir viviendo.-dijo el angel mirando fijamente a sus verdes ojos. -Entonces? Y ella? Su madre? - Aquel angel, solo bajó la mirada hacia la niña, y la cubrio con un ala. -Es hora de que la lleve ante Él. Él Supremo Hacedor le dará el consuelo que ella necesita ahora. No puedes estar con ella. Ella ya es un Alma consagrada al Señor. -Me dejas triste. Entonces ella murió también y con ella quien iba a ser nuestra hija. -Si. - Asintió el angel y desapareció de su vista. "Cuando sea el tiempo, la verás de nuevo.¡Ella estará feliz de conocerte!"- Fue la voz del angel que quedó como un eco sonando en toda la playa, mientras una gran y deslumbrante luz impedía que aquel hombre pudiera siquiera abrir sus ojos. Luego, cuando todo aquello quedó en absoluta calma nuevamente, él abrió sus ojos y se encontró a unos metros de donde el se hallaba, con un cuerpo desmayado sobre la arena. Fue corriendo hasta el lugar y buscó descubrir de entre los cabellos dorados que caían sobre el, el rostro de aquella persona. Ciertamente, en su corazón el ya sabía de quien se trataba. La miró y dejó escapar un suspiro de sus labios: -Oscar. Ya estas aquí. La mujer empezó a volver en si, y poco a poco iba levantando las espesas cortinas que tenía por pestañas dejando entrever los cristales azulados de sus ojos. -André. André... al fin te encontré, pensé que aquellos soldados te habían raptado... Dijo esto y volvió a perderse en los mares de la inconsciencia. Pasaron varias horas, y ambos seguían en aquella playa. Él la tomaba entre sus brazos amorosamente, mientras iba jugando con sus cabellos. Mientras su amada estaba dormida, otro ángel vino hasta André y desde el borde de la playa le advirtió: -No estará aquí por mucho tiempo. Si tiene desmayos constantes, es porque aún no puede dejar su vida en la tierra. -No! Basta! Primero me muestran a mi hija y ahora a mi Oscar. Por qué esta tortura? Que caso tuvo ver a la hija que no tuve? Para que fue concebida si su destino era perecer apenas unas horas de ello? Y ahora mi esposa? Entonces el ángel se acercó hasta él y acarició sus mejillas tiernamente con ambas manos: -Tu hija fue concebida para enseñártela cuando tú estuvieras sentado aquí esperando novedades de tu esposa. Ese fue el objetivo principal del Supremo. Tu esposa, está aquí para que tú le des una razón por qué seguir viviendo. Allá ella ya no tiene motivo alguno. Tú eres su motivo. -Entonces... yo seguiré aquí.-dijo cabizbajo el pobre de André. -Este es tu lugar por ahora. Dijo esto, y el ángel desapareció con la misma luz con que había desaparecido el anterior. Aquella luz, despertó a Oscar, quien seguía en brazos de su amado. -André ¿realmente eres tu? -Si. -¿Donde estamos? Por qué no recuerdo esta playa de Arras? -No mi amor, no estamos en Arras, ni siquiera estamos en Francia. -Estamos en el paraíso, no? -Tú bien lo has dicho. -Al fin, André aquí seremos tan felices. Te amo, te amo mucho y quisiera decírtelo todo el tiempo, por todas aquellas veces que no lo he hecho... Entonces, suavemente, acercaron sus rostros y unieron sus labios en un tierno y apasionado beso. Parecían horas aquellos momentos, pero, repentinamente, André tomó una mano de Oscar entre las suyas y la acercó a su pecho. De pronto, se separó ligeramente de su amada y la miró a los ojos para decirle tiernamente: -Mi amor. Ahora es cuando todo comienza de nuevo. Todo. Tu historia aún debe continuar en la tierra. Te amo muchísimo y nunca dejaré de hacerlo así me dieran mil vidas, las mil me las pasaría buscándote para estar a tu lado. Sé valiente mi amor. Hazme sentir orgulloso con tus actos donde quiera que estés. Entonces, se fundió a ella en un cálido abrazo y volvió a buscar sus labios para terminar de besarla por completo. Oscar no comprendía muy bien aquellas palabras, no quería comprenderlas, pero, aquellos besos sabían a tanta gloria, a tanta paz y por sobre todo, a tanto amor. Pronto la figura de André comenzó a desaparecer en una extraña bruma y un terrible dolor de cabeza apareció en la salud de la Comandante. La playa quedó vacía y solo aquel André derramó unas lagrimas tratando de esbozar una suave sonrisa. -Te amo, Oscar. Te amare por siempre. Aquellas palabras seguían a la Comandante quien percibía distintos dolores en el cuerpo. Cuando de repente, al fin pudo abrir sus ojos. Fin del segundo capítulo.