CAPITULO III *******Llegando a Versalles ********** -"Oh... André... estuve toda esta semana para meditar una disculpa contigo... y no me ha alcanzado este tiempo para hacerlo... que podré decirte si alguna vez vuelvo a verte...? Sinceramente, temí que al llegar a Arrás, tu estarías esperándome junto a nuestro árbol, para hablarme... Hablar... quisiste tanto hablarme la ultima vez que nos vimos... y yo no te dejé siquiera pronunciar dos palabras más... A veces no mido mis actos... Si bien, me has herido en lo más profundo de mi ser aquella noche, también tengo que ponerme en tu lugar, y comprender que aquella reacción, no fue sino un arranque desesperado por manifestarme tu amor... Hace cuanto lo callabas? Hasta cuando ibas a mantenerme ajena a tus sufrimientos?... A lo lejos divisaba la arquitectura de la Mansión Jarjayes... y a medida que mi caballo galopaba mi corazón latía más fuerte por el simple hecho de volverte a ver y no saber como reaccionar." Llegue frente a las gradas y me recibió Jacques,(un pequeño mozuelo, que mi padre había contratado como lacayo hace unos años...) -Que raro que no haya venido André hasta aquí.- susurre... -Mi niñaaaaa!!! General, Madame... Lady Oscar esta de regreso... -Hola Nany... cómo has estado? -Pero mírate nada más Oscar? Estas más flaca... no te has alimentado acaso mi niña? Mira nada más esas ojeras y lo pálida que estas. Te ves tan cansada... -Oh! En verdad que si he extrañado tus comidas... -Vamos, niña, vamos a tus aposentos. Te prepararé la tina para que te asees y renueves tus fuerzas, y luego te acercaré algo de sopa para que te restablezcas completamente. -Nany... sopa no!!! - me queje como niña- -Lady Oscar!!! Sopa Si! Baje la mirada y subí las escaleras con pasos como si las botas me pesaran... hice todo lo que mi nana me había dicho... y todavía temía con encontrarme con André. No quise preguntar por el porque me sentía avergonzada por haberle tratado tan mal aquella ultima vez, que me temía más escuchar alguna respuesta de mis familiares diciéndome que el se había marchado de la mansión por mi culpa. Me cambie de ropa, es decir, me puse al fin aquel nuevo uniforme, que tenia demasiadas medallas, de acuerdo a mi jerarquía, era mi obligación portarlas, pero, como siempre, me acompañaría la medalla del "Corazón de San Luis" que me había regalado mi padre hace trece años, al asumir la comandancia de la Guardia Real. Antes de partir, eche un vistazo por la mansión, y ni rastros de mi antiguo compañero de juegos... es más, otra vez era solo Jacques el que me traía un nuevo caballo del establo, el viejo y afable Chevalier, en quien siempre he confiado mi montura. Deje la mansión y me dirigí a toda prisa a Paris, para terminar de asumir por completo mi nuevo cargo. A medida que me iba acercando, una extraña sensación se iba apoderando de mí... era un "miedo" al cambio de pelotón... ¿cómo será esta gente? Sabré tratarlos como se merecen? Pues, en la Guardia Real, estábamos acostumbrados a tantos lujos y comodidades, es que todos éramos nobles que teníamos la misión de proteger a la Familia Real y a nuestras propias familias aristócratas... pero aquí... es distinto... todos son soldados que necesitan de ese mísero sueldo que les paga el Reino... todos tienen familia y viven de ese dinero... Llegué al lugar y fui a buscar al General Bouillé, quien sin más tramites, me llevo hasta la barraca principal, donde pasaría revista de mi pelotón. - Señores, aquí les presento a su nuevo Comandante, quien desde ahora en más os dirigirá con mano firme y defendiendo los mismos preceptos que el antecesor. Espero que le demuestren vuestra disposición en todo momento y lo tratéis como se merece, tal como si fuera mi misma persona. - ¡Sí Señor! -Respondieron enérgicamente todos al unísono. El General comenzó a llamarlos por apellidos, y cada uno al escuchar su correspondiente, enérgicamente respondía "PRESENTE!!!" -Anton -Asie -Balzac -Banian -Biellette -Chartier -Chalier -Depardieu -DeFoe -Delon -Ferras -Fringale -Gentile -Goguenards -Grandier -¿Grandier? -Susurre para mi misma-... ¿Grandier? Será posible que... - ¡PRESENTE COMANDANTE!- Respondió alguno de voz demasiado familiar desde el fondo... enseguida note de quien se trataba. El General continuaba con su lista, pero quedé sorprendida al ver que André estaba portando mi mismo uniforme y con su mirada desafiante estaba allí, firme y decidido a ser un soldado... Apenas si pude contener mis ojos sobre los suyos por unos segundos... pronto estaba sumida a mis pensamientos... "Con razón nadie me decía nada de él en la casa... con razón no estaba el allí... claro! Estaba aquí siempre... pero... ¿cómo lo hizo? ¿Cómo pudo ingresar aquí?..." Luego, de terminada la revisión, pasé al que seria mi despacho, me senté en una silla arrimada a un vetusto escritorio con muchos papeles... no los leí, solo apoye mis codos en el mismo y cruce mis manos frente a mi rostro... pensando con los ojos bien abiertos... Unos golpes en la puerta, anunciándose toscamente, un soldado me preguntó si podía pasar... le conteste que si, pero estaba tan metida en mis pensamientos que ni note de quien se trataba. -Comandante. - Me dijo- -Si, que quiere soldado?- le dije sin siquiera mirarle al rostro, menos aun levantarme de mi lugar. -Oscar... siquiera mírame - Por Dios! Era el mismísimo André el que estaba frente a mí y yo sin percatarme de ello. Le miré a los ojos y vi en ellos algo de impaciencia y de tristeza a la vez... no pude contenerme... quería pedirle yo disculpas por mi trato frío, ensaye tantas formas en Arrás y no sabia que decirle en ese momento... -André... mira, este... yo... -Oscar... discúlpame una vez más. Era yo quien debió disculparse primero y sin embargo es el quien nuevamente se está postrando ante mi. Tenia tanta rabia hacia mi misma, que quise explotar para que me salieran siquiera algunas palabras... pero lo único que hice, fue todo lo contrario... lo eche todo a perder una vez más: -Me puedes explicar qué diablos haces aquí!!!??? Quien te crees tu para venir hasta aquí a MI pelotón? Creí haberte dicho que ya no necesitaba más de ti. ¡YA NO SOY UNA NIÑA! Su sola respuesta me dejo fría... y sin palabras: -No me importa lo que tu digas o pienses, Oscar... Sabes perfectamente que soy el único que puede protegerte. Aun si dices que ya no eres una niña, quiero defenderte y protegerte como siempre lo he hecho y ni tu ni tus ideas, ni nada de este mundo me apartará de esa misión. Hizo una pequeña pausa y luego la reverencia militar: -Con permiso, Comandante! Dio unos pasos hacia atrás para dar una media vuelta y cruzar la puerta de mi oficina... para dejarme aun más confundida que antes. Ciertamente que aquel color de uniforme le sentaba muy bien, puesto que hacia juego con sus ojos azul verdosos y con su pelo negro azabache... el pelo sobre el ojo izquierdo le daba un cierto aire enigmático, y, el uniforme dejaba entrever el talle de mi amigo. No podía admitírmelo a mi misma, pero, esa apariencia distinta a mis ojos acostumbrados a verlo en trajes de lacayo, habían quedado un poco sorprendidos por lo atractivo que lucia como militar... Y pensar así, hizo que un rubor subiera a mi rostro... -Bah! Me dije a mi misma... Basta Oscar... que te pasa ahora? Es tu amigo, el de siempre... el "Bueno-para-nada" de André, como le dice Nany... "Bueno para nada"... no... era bueno en todo lo que hacia. Era bueno montando, era bueno con las espadas, con las pistolas, con los floretes, esas habrán sido las habilidades que midieron para incorporarlo en el pelotón... Pero... y ¿sus motivos? ¿Cuáles habrán sido las razones como para que él quiera estar aquí? - Idiota! - me dije a mi misma- Por supuesto que ya se sus motivos... Idiota, idiota, idiota... Oscar mil veces idiota!...Trataré de disculparme con él antes de regresar a casa.