CAPITULO II TE EXTRAÑO, OSCAR. Bueno, bueno, bueno... Mi amada Oscar ya habló bastante en este capitulo... la historia seria más buena si yo también contara mi versión. Disculpen a los que no me conocen aun: Soy André Grandier, el lacayo de la familia Jarjayes y amigo de Lady Oscar... y pensar que en el fondo de mi corazón, no quisiera ser solo un amigo para ella... aunque ahora creo ni eso sea más... Tengo 27 años y bueno... esta parte del capitulo les relatare como pasaré sufriendo la semana de ausencia de mi amiga... Espero que les guste... -Oscar... yo... te seguí hasta aquí... para hablar contigo... - dije con la voz entrecortada, tragando saliva y apretando los puños. -Ah. André... eras tú.-ella hizo una terrible pausa, subió a su caballo y continuo: - André: quisiera que sepas que nunca olvidare lo que sucedió anoche... quiero comunicarte que ya no necesitare más de ti en lo absoluto. Ahora mismo partiré al campo y para cuando regrese tienes que saber que ya he decidido no tenerte más como mi lacayo ni he de precisar más de tus servicios, como te lo dije, en absoluto! Eso fue lo ultimo que me dijo Oscar y se marcho cabalgando hacia Paris... yo sabia perfectamente a donde huiría... quise tomar uno de los caballos del establo y partir tras ella a Arrás para explicarle... para hablarle. Pero a la vez pensaba: ¿qué diablos querría ella hablar conmigo? Fui un estúpido anoche con ella... fui tan bajo y tan ruin. En vez de hablarle dulcemente como siempre lo hice, lo eche todo a perder, todo por culpa de mis malditos impulsos, lastimando a la persona que más quiero en este mundo. -"Lo siento Oscar" dije susurrando mis pensamientos- Te amo y sé que este amor nos esta lastimando a ambos: A ti porque sé que no te lo esperaste nunca de mí, y porque nunca me amarás; y a mí, porque me duele tanto en el alma tu desprecio. Pude notar tus lagrimas: habrás llorado toda la noche, por mi culpa... Perdóname mi niña, perdóname. Esa mañana parecía eterna para mí: Termine mis quehaceres, tome un caballo y me aleje de la mansión buscando algo para distraerme y no pensar en mi querida niña de cabellera dorada. Así al anochecer, me encontraba en las calles de Paris, mirando a la gente, lo que hacían, aunque en realidad no les prestaba tanta atención. Mi vista vagaba por esas calles buscándola en cada rincón, en cada portal, hablando con algún noble, o con otro oficial... pero todo era en vano. En mi corazón la buscaba, pero mi razón sabia perfectamente que ella ya se había marchado. Vague por el lugar un buen rato, hasta que un rincón llamó mi atención... no por sus luces ni por sus ruidos, sino por el recuerdo de aquellos momentos que pasamos juntos, era aquella taberna "Le Mesón" donde nos metimos en problemas Oscar y yo por defender a la realeza. Recuerdo que los contrincantes trataron con mucha rudeza a Oscar porque con el uniforme puesto disimulaba su esbelta figura de mujer... y recuerdo que se lo dije. "Le dije que para mí, era demasiado hermosa como para que no me diera cuenta que bajo ese uniforme... era simplemente una chica bonita y carente de afecto." Primero, ella me había sonreído dulcemente, pero luego esa sonrisa se transformo en una sonora carcajada... y solo alcance a decirle cabizbajo: "Otra vez te burlas de mí..." Tal vez, ella nunca lo sepa, pero cuando dormía entre mis brazos, cansada de la golpiza que recibimos, le dí un beso... ¿qué podía yo hacer? ¡No lo pude resistir! Decidí por fin ingresar al lugar: primero me acerque a la barra y pedí una botella de vino. Quería beber pensando que así olvidaría mi pesar. Observe la botella: no tenía siquiera una etiqueta... y el líquido que se dejaba ver, dejaba una leve marca por el vidrio mientras lo movía. Me serví en un vaso... y sin pensar mucho, bebí un buen sorbo...(@#@) "#$%&#!#$%&/!!!!!! ¡¡¡Era vinagre!!! No tenia ni siquiera gusto a vino!!! En fin, el primer trago aquel sentí que me quemó el estómago como ácido. Mire disgustado al vaso que contenía aquel mal llamado vino. Su color y su consistencia en nada se parecían a los vinos dulces de la bodega de los Jarjayes... aquellos vinos que suavemente teñían de un delicioso carmín los delicados labios de Oscar, y en cuyos ojos azules profundos se reflejaban siempre el cuerpo del vino y su tristeza por la ausencia y el desamor de su querido Fersen. "¡Diablos! Otra vez termino pensando en ella!" El segundo trago, ya fue más leve... Pude comprobar que la amargura de aquel vino era como la de mi alma. Seguí bebiendo pues, rezongando de vez en cuando por el sabor hasta que una voz me conecto nuevamente con este mundo: -Hola Amigo! Otra vez ahogando tus problemas con el vino? -Hola... No son problemas: son penas. Oye chico: y es muy hermosa no? -Ella... e ella... es... ejemmm... ¡oye! No tengo que contarte eso! Ni siquiera recuerdo que me hayas dicho tu nombre. -Perdona, pues... mi nombre es Alain... Alain de Soisson. Te vi solo otra vez y decidí hacerte compañía. Oye: Me caes bien. ¿Cómo te llamas? -André. André Grandier. -No podía seguirle en su alegre diálogo, pues yo estaba tan apesadumbrado. -Ahhhhh... Que dulzura de vino, es una verdadera exquisitez... -dijo suspirando tras beber del mismo líquido - Es el mejor vino de toda Francia! No lo crees? -Alain: Te juro que han de haber vinos mejores que este. -Oh! Tal vez esté de acuerdo contigo, pero si tu trabajaras duro cada dia en las barracas del regimiento B de la Milicia Urbana como soldado. Te apuesto mi amigo, que hasta el vinagre que usa el Rey de Francia te parecería exquisito. -TTTú estás en el Regimiento B!!! - Mejor suerte no pude tener... se trata del mismo regimiento de Oscar...- -Pues... si, por qué la sorpresa? -Essssssssss queeeeeeee yo....mmmmm... es algo largo de explicar... -Pues, mira André... tengo toda la noche para escucharte. Entonces puse cara de enigmático y me erguí en la butaca donde me sentaba y apoye las manos sobre la barra para tamborilear con ellas, dando así un cierto aire de introducción a mi historia. Noté como Alain también se ubicaba en posición como para escuchar cada detalle que mencionaría en aquella historia mía. Iba a contarle sobre Oscar, que estoy enamorado de la chica que pronto sería su Comandante, de mi gran amor por ella... de que tuve la oportunidad de conocer en persona a la mismísima Maria Antonieta y a Luis XVI mucho antes de que sean los Reyes de Francia, que perdí mi ojo izquierdo disfrazado del famoso Caballero Negro, el Héroe de los Pobres por rescatarla... en fin, iba a contarle todo aquello para poder ganarme su amistad e inmediatamente ingresar al Regimiento B... y estar nuevamente cerca de Oscar, pero, no pude hacerlo. Me parecía injusto, entonces, solo atiné a decir: -¡Oye! No es la GRAN historia... Bah! De hecho, te la puedo simplificar: Soy un lacayo más en la gran mansión de unos nobles... toda mi vida lo he sido. Soy pobre, no tengo un salario fijo como el tuyo, y la verdad... me interesa mucho ser un soldado como tú y ganar mi propio dinero, para... -Para tu chica, eh, amigo? -Ehhh... pues... en verdad, sí. -Ella es noble, verdad? -Si -baje la cabeza instantáneamente y asentí mi respuesta, bebiendo otro vaso de vino.-Así es. -Ya se lo has dicho? -Y me ha despreciado. Creo que hasta me odia por eso. -Entonces vienes aquí a tratar de olvidarla con el vino... -Pero solo consigo recordarla... más y más. -Ah... penas de amor. Penas, penas y más penas. Acaso no sabes que mientras más quieres olvidar algo, más lo recuerdas? Y mientras más lo recuerdas, más te lastimas? y mientras más te lastimas, más bebes? Y mientras más bebes más gastas? Y mientras más... -Basta! Y dime que más podría hacer sino beber? -Uh... podrías buscarte un empleo... -Claro -dije irónico- puedes explicarme como que? -Pues mmmm sabes usar armas? -Sí. -Qué tanto? -Muy bien. -Qué armas? -Pistolas, floretes de esgrima, espadas, ballestas, arco y flecha... -Yaaaa... no exageres! ¿De donde aprendiste tanto? -Pues, en la mansión donde vivo. -No que eras lacayo? De esos que hacen los quehaceres de una casa? -Jajá... ! También... pero es que desde pequeño, fui el lacayo personal y compañero de juegos de la /del hijo de la familia -(estuve a punto de cometer un error) - también me encargo de los caballos de la casa. -Y montas? -Sí -Pues creo que ya tengo un empleo para ti. -En serio? -Tu qué crees? Podrías ser un buen soldado... de la milicia urbana. "Eso" Eso era lo que anhelaba... ya sé que lo que se viene ahora... -Eso piensas -puse cara de sorprendido- Tu crees que lograría ser un buen soldado como tu? -Por supuesto... Me sentiría tan bien por ayudarte. -Y como tengo que hacer? ¿Dónde voy a hablar? Con quien? -Bueno... veamos: Te conviene que sea todo esta semana, pues la próxima tendremos nuevo comandante, y no se como será su genio... el que se encuentra interinando el puesto es un conocido y viejo amigo mío... (es un iluso el pobre, aun piensa en casarse con mi pequeña hermana) y además, me debe viejos favores. Solo iras junto a él, te tomarán algunas pruebas con armas y con los caballos, pero eso no será problemas. Si dices que eres bueno, has de serlo. -Entonces, puedo venir mañana por la mañana? -Claro, ven y pregunta por mí, y yo te llevaré con él. Me alegra que tengas algo en que ocupar tu mente. -A mí también, sobre todo que podré ahorrar algún dinero y... -Olvídala André... ! De seguro que es una chica fría y sin sentimientos, de esas que viven pendientes de sus vestidos y sus pelucas, de sus bailes y pretendientes aristócratas. -Te equivocas, aunque lo oculte, ella es una chica simple, dulce, tierna... es -Es hermosa al menos? -Exquisitamente: Tiene unos ojos azules profundos y hermosos, adornados con unas largas y arqueadas pestañas, que hacen un buen marco a su mirada suave a veces, enérgica otras, enigmática otras tantas... el pelo rubio como el sol, suave como la brisa, brillante como luces matutinas... tiene una piel tan blanca y aterciopelada cual porcelana intocable, unos labios que quisieras arrancárselos a besos, y una figura tan delicada... cuantas noches soñé con solo darle un beso y un abrazo, solo por sentir que necesite de mis brazos y de mi calor... -Vaya... si que estas enamorado... me describes a toda una princesa. -Aunque ella lo niegue, mi amigo, lo es... es una dulce princesa... -Oh! Disculpa André, pero tengo que cortar esta romántica inspiración, y es que tengo que irme, se hace tarde y mañana tengo que empezar temprano... Te esperare mañana en el cuartel. -Cuenta con ello, Alain. Ahí estaré. -Adiós entonces buen André. -Adiós. Y fue así que pague la cuenta y fui otra vez a la mansión. Feliz. Sabia que mi felicidad disgustaría a Oscar... pero, no me importaba. Si mañana era aceptado en el regimiento, tendré otra vez oportunidad de acercarme a ella. Pero pensé... y mis tareas en la mansión? ¿Cómo explicare mi ausencia al General? Tengo que pensar en algo... en una muy buena e inteligente excusa... *******A LA MAÑANA SIGUIENTE:******** Por la mañana, en el desayuno del General, le acerqué su correspondencia: Era el Conde de Nantes. El General susurraba palabras ininteligibles al leer aquella carta... mencionaba algo sobre Oscar y su renuncia a la Guardia Real... Él la terminó de leer... y furioso, arrugó el papel. - ¿Acaso solo le gusta desafiarme? Me advierten que la milicia urbana tiene hombres rudos y toscos, gente común... sin educación ¿cómo puedo protegerla? Son muy pocos los militares que conozco allí... ¿Por qué tuvo que renunciar a las comodidades de la Guardia Real? Dime André: ¿no sabes nada de esto? -Este... no General. Ya sabéis, el carácter de su hija ha estado muy difícil, más aun desde que renuncio a la Guardia Real. Aunque... si no es impertinencia de mi parte - hice una reverencia algo temeroso - Vos siempre me encomendasteis la protección de Lady Oscar, y en cierta forma, me siento en deuda con Vos acerca de esa renuncia que ella hizo, entonces... -¡¡¡Habla André!!! Sin rodeos. -Este... yo podría continuar protegiéndola desde el cuartel... como soldado El General se quedó pensando unos instantes, luego me miro y dijo: -Te tengo que felicitar, hijo, me has dado una muy buena idea. Veo que tienes muy arraigado el deber de proteger a mi hija, eso es muy digno de ti. Dejaras de ser un lacayo más en esta casa, a cambio de que cuides de ella en todo momento en esas barracas, y fuera de ellas, podrás conservar tu cuarto y tus cosas aquí... esta siempre será tu casa. Alcánzame una pluma y un papel: Le escribiré al General Bouillé, un viejo amigo mio, recomendándote al mismo regimiento de Oscar. -Enseguida, General Jarjayes. Las cosas no podían salir mejor para mí... Esa mañana cabalgue a todo lo que daba mi caballo. Hable con Alain, me presento con su Comandante, quien dudó un poco por mi ojo izquierdo, pero luego de demostrarle mis habilidades con las armas, se le borraron esas dudas. Me incorporaría a la siguiente mañana. (Ni siquiera necesité mostrar aquella nota del General.) ¡ Gané ese puesto por mí mismo! Yo estaba feliz. A la mañana siguiente, me presenté temprano y me dieron el uniforme y luego me presentaron a los demás soldados... La semana pasaba algo agradable en algunos momentos, y agotadora por el entrenamiento... pero, aun así, no pasaba ni un segundo sin que pensara en ti, mi querida Oscar...Te extraño tanto...