EL ESPEJO PERFECTO AUTORA: BERUSAIYU CAPITULO 3: DEUDA GATUNA Tenía puesto ese mismo traje que le llamó la atención: de terciopelo azul con mangas blancas recargadas de hermosos vuelos blancos y bordados con hilos de oro. Habría elegido ese traje para ella si se hubiera quedado más tiempo en la habitación. Por alguna razón, no consideraba tan extraña a esa mujer como los demás de la corte. Ellos habían usado una palabra muy suntuosa para referirse a ella. Era lo que se llamaba una persona “excéntrica”, aunque nadie había llamado así a Oscar. André trató de recordar y no, nadie había llamado así a Oscar. Esto le resultó revelador. Cuando observó a doña Catalina, bajando las escaleras camino al comedor, quedó con la bandeja de vino en el aire como una estatua. - Buenas noches don André ¿Estoy a tiempo para la cena?- fue lo primero que le dijo. - Sí, muy a tiempo, pero por favor, no me diga don André, dígame sólo André. Es que suena un tanto... extraño- no quería usar esa palabra, pero se le salió. - ¡Oh!, ya veo. Lo haré, siempre y cuando, vos me digáis Cata. - Pero yo no podría... - Que no se diga más- azotó el aire con su mano- os lo llamaré André y vos, Cata. Ahora iré a disfrutar de una exquisita cena francesa- se alejó, dejando a un confundido André con las palabras en la boca. Durante la cena, el tema de conversación giró en torno a la emboscada sufrida en la tarde. Surgieron algunas teorías, entre ellas, el aumento de las emboscadas a los nobles por el motivo del robo, pero estaba demasiado bien planeada, lo que hizo sospechar en los posibles enemigos de los españoles o aquellos, que tendrían los reyes para crear conflictos internacionales con el rey de España. Sin embargo, había otra teoría sospechosa, la cual sólo en la mente de Cata se estaba fraguando. - Quizás no sean enemigos del estado, o de España, sino, sólo enemigos míos- dijo Cata con tono misterioso. - Insinuáis que vuestros enemigos os siguieron a Francia- contestó Oscar a tal comentario. - Es posible- juntó las manos bajo su barbilla- existe la posibilidad de que nos estuvieran esperando. Alguien con conexiones en la corte, pudo esperarnos y atacar por tierra. No traía escolta, así les sería fácil emboscarnos camino a Versalles- dijo ensimismada. André y Antonio, también estaban sentados a la mesa por una petición especial de doña Catalina. - Entonces, ¿fue alguien de aquí?- André habló apresurado. - No lo creo- dijo el general desde la cabecera de la mesa- Es más factible pensar en alguien venido del extranjero. - ¿Pensáis eso, general Jarjayes?- le lanzó una mirada por el rabillo del ojo. El general tragó saliva y carraspeó, sonoramente. - Vos sois un importante miembro del ejercito y hombre de confianza del rey de España, además, venís en misión diplomática. Es natural que los enemigos de su majestad Carlos III, hayan venido a Francia para daros muerte y así, comprometer la alianza entre las naciones. Lo dicho por el general tenía mucho sentido y fue respaldado por Oscar y André. Doña Catalina sólo sonrió, diciendo que no tenía nada que temer si estaba bajo la protección de tan prestigiosa familia, aunque no dijo cuanto admiraba a ese plebeyo con aires de noble. Deseaba irse de fiesta privada con él y no quería esperar al baile real, al cual fue invitada. André comía sus manjares sin darse cuenta de nada. Oscar observó la insistente mirada sobre su amigo con curiosidad, pero lo tomó al hecho de que en la tarde lo confundiera con un noble. Nunca lo había pensado y era cierto lo afirmado por doña Catalina, ahora que lo pensaba mejor, André podría pasar por noble en cualquier corte real. La cena fue un juego de miradas entre los comensales. Cada una con diferentes pensamientos sobre los otros, incluyendo a Marrón Glacé. Ella observaba a la invitada, incluso después de retirar las bandejas. Doña Catalina y el general Jarjayes fueron al despacho para hablar sobre los negocios pendientes. Ni las sospechas, ni el temor del general, se aproximaban a la realidad que amenazaba a su fortuna. Como hombre de armas y no de negocios, no se imaginaría la seriedad del asunto, hasta cuando doña Catalina le dio la mala noticia sobre los pagos efectuados por su administrador. - No son agradables las noticias que vengo a deciros- el rostro del general permaneció impasible frente a estas palabras- los pagos de vuestras tierras en Huesca no han sido completados. - No puede ser- dijo el general- mi administrador tiene los pagos al día. El me mostró los papeles de dichos pagos y todo estaba en orden. - Entiendo, ¿tiene por casualidad esos comprobantes?, deseo verlos. - ¿Duda de mi palabra? ¡Me ofende! - No es eso, disculpadme si lo ofendí. Comprenderéis que no vendría a preguntar cosa desde tan lejos, sino tuviera alguna duda al respecto. No sería tan impertinente en molestaros. Según la información que tengo, vuestro administrador sólo pagó un octavo del precio acordado. - ¡Un octavo!- el general se puso rígido. - Y eso no es nada, no se han pagado el mantenimiento y ni la restauración de vuestra propiedad en Jaca. - Pero eso lo dejó listo mi suegro antes de morir. El os compró esa propiedad yo no tengo nada que hacer con eso. - Se equivoca, vosotros sois vuestros herederos y recuerde, que él estuvo viviendo algunos años en aquella propiedad. Mi madre nunca hizo efectiva la deuda, pero creo que es tiempo de cobrarla, por esa razón me encuentro aquí. - Comprendo... Era una deuda de familia, frente a eso su honor estaba en juego, no podría darle la espalda a esto. Esos problemas no los creó él, pero recayeron sobre sus hombros: “¡Maldita suerte!”- pensó. - Muy bien- continuó el general- buscaré al administrador para que me ponga al tanto del asunto y solucione el problema. El viaje me tomará unos días, mientras tanto, sea nuestra invitada ¿Será posible vuestra espera? - Mmmmh- se llevó la mano a la barbilla- no tenía pensado quedarme mucho tiempo, pero será bueno para conocer vuestro bello país. - ¡Perfecto! Será todo un honor tenerlo en nuestra casa. Mañana temprano saldré de viaje- su interlocutora asintió con un movimiento de cabeza. Una armoniosa melodía se filtraba de la habitación de Oscar. La música del violín contrastaba con el ambiente de la mansión Jarjayes, principalmente en la cocina, donde la Nana lavaba los platos y rezongaba contra la gata española. - No me gusta esa gata... - Cata, no gata, abuela- le corrige André. - Gata, Cata, ¿cuál es la diferencia? ¿Qué no le dicen “La Gata de los Mares”?, ¡tú mismo me lo dijiste, mozalbete distraído!- alza el cucharón. - Sí, sí, se lo dicen...- se aparta de ella en forma instintiva-... pero creo que sólo se lo dicen los ingleses... - Esos ingleses pedantes, lo único que saben hacer es pavonearse como si fueran los amos del mundo... - ¿Uh... ? - ¡André, quiero que te apartes de esa mujer! ¿Oíste? ¡Ni se te ocurra darle alas!- lo amenaza, ahora, con un plato mojado. Las gotas del plato zigzagueante le salpican el rostro a su nieto. - ¿ Darle alas, abuela?, ¿a qué te refieres con eso?- se limpia la cara con la mano, pero enseguida cierra los ojos por la nueva lluvia. - ¡No me vengas con ésa, sabes bien a lo que me refiero, no te hagas el tonto! ¡Eres un inútil en muchas cosas, pero no tonto! Tengo ojos, ¿sabes?- muestra dos dedos- vi como te miraba, parecía una gata en acecho. - ¿Eh?- abre los ojos- ¡Te refieres a...!- su abuela lo mira directo. André sonríe incrédulo- Nooooooo... - ¡Cómo que no, cómo que no...! - Vamos abuela son ideas tuyas. Ella jamás se fijaría en un tipo como yo ¡Es una noble! - ¡¿Y eso qué tiene que ver?! Mira, André, te diré una cosa...- se queda muda de repente. André se fija en quién llamó la atención de la abuela, y ve a Antonio moverse por la cocina, ajeno a ellos dos como alguien sin ojos, ni oídos. - Os puedo ayudar en algo- reacciona André. Antonio se detiene frente a ellos. Tenía un candelabro en la mano, era bastante tarde. - No gracias, sólo busco una fuente para los dulces de mi señora- se dirige a la mesa y toma un tiesto pequeño- esto está bien, ¿puedo ocuparlo, madame? - Sí, claro... - la Nana lo mira pasmada. - Gracias y buenas noches, madame, André- dice Antonio con mucha cortesía y se retira. - ¡Uf! Ese hombre me asustó, parece un fantasma- dijo la Nana- brrrrrrrr. - ¿Habrá escuchado algo?- preguntó André en voz baja. - ¡¿Quéééééé?!- se tapa la boca con las dos manos. - Iré a averiguarlo. Cálmate abuela, si escuchó algo le pediré que no diga nada- toma una vela y sale corriendo. - No, no puede ser. No lo sentí cuando entró... La Nana se queda, mordiendo los dedos. Era muy tarde, todos los otros sirvientes estaban, preparándose para dormir, ¿por qué Antonio estaba en pie todavía? ¿Sería por el horario de España? Eran preguntas que atormentaron a la Nana. André corrió por los pasillos en busca de Antonio. Con el apuro, la vela se le apagó y no veía casi nada. Finalmente, una luz lo guió y seguro de encontrarse con Antonio, llegó corriendo a su lado para darse cuenta de quien era. - ¡Oscar...! - ¡André! ¿Qué haces a esta hora?- le preguntó con la luz en sus ojos azules. - Estoy buscando a Antonio, ¿lo has visto? Recién salió de la cocina donde estábamos la abuela y yo conversando. - No, no lo he visto, ¿sucede algo, André? No quería ser blanco de las burlas de Oscar por las descabelladas suposiciones de la abuela. Mejor quedarse callado. Nadie creería algo tan tonto y quizás Antonio no había escuchado nada, porque si fuera así, su risa se escucharía de aquí a España. - Esteee... Nada, nada- coloca una mano en su nuca- sólo quería preguntarle una cosa. Oscar mira el rostro sonriente de André con su acostumbrada expresión de seriedad. Permanece así un momento y luego rompe el silencio con una orden. - Vete a dormir, es demasiado tarde, mañana debemos madrugar- sigue su camino. - Sí, buenas noches...- recuerda algo- ¡espera!- corre hacia ella- ¿me convidas lumbre?- prende la vela gracias al candelabro de Oscar. Queda parado al medio del pasillo mientras ve como ella se aleja rumbo a su habitación. - Oscar...- suspira. André se aleja del lugar, sin darse cuenta de que es observado. La puerta contigua se cierra, oculta, bajo la oscuridad de la noche.